Por qué es importante hacer malas preguntas también

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Los niños son naturalmente curiosos y tolerantes. Muchos hacen preguntas constantemente, pero en algún momento, la mayoría de ellos, simplemente dejan de hacerlo.

¿Por qué pasa esto?

No es que el mundo empiece a tener sentido completamente después de varios años de vida.

En realidad, existe presión social para que abandonen esa costumbre.

Para tener éxito y ser reconocidos como inteligentes, a los niños suele exigírseles que dejen de hacer preguntas y comiencen a dar respuestas.

¿Cuánto es 2+2? ¿Cómo se escribe “gato”? ¿Qué hora es cuando la manilla grande está en el 11 y la pequeña en el 5?.

Pero nadie debería dejar de hacer preguntas.

Digo esto como alguien cuyo trabajo es preguntar y ayudar a estudiantes y adolescentes en edad universitaria a desarrollar las habilidades para hacer preguntas de manera inteligente.

Creo que hacer preguntas es una habilidad clave para cualquier persona que se preocupe por sí misma o por los demás.

Cuestionarse cosas es esencial en muchas ramas de la ciencia.

Una amenaza a la investigación

Durante el verano de 2020, en TikTok, una joven llamada Gracie Cunningham reflexionó mientras se maquillaba sobre los orígenes del álgebra y sobre si las matemáticas son “reales”.

El video se volvió viral cuando se publicó un tuit, ya eliminado, que decía “El video más tonto que he visto”.

Las preguntas de Gracie Cunningham sobre matemáticas se volvieron virales.

Muchos se burlaron de las reflexiones de Gracie.

Otros salieron en defensa de ella, incluidos matemáticos profesionales, científicos y filósofos.

Y viendo que ni siquiera las autoridades matemáticas, científicas y filosóficas conocían las respuestas a sus preguntas se fueron sumando más personas que la defendían.

Creo que vale la pena examinar este episodio por lo que revela acerca de las preguntas y la importancia de tolerarlas.

Viendo la reacción en los comentarios, estaba claro que las preguntas que se hacía Gracie a muchos les parecieron tontas.

La burla, incluso su mera amenaza, frena significativamente las preguntas y las indagaciones en general.

En respuesta a sus críticos, Gracie hizo otro intento de cuestionar las matemáticas.

Parecía un objetivo fácil.

Sus preguntas estaban dirigidas a algo que se supone ampliamente incuestionable: a saber, las matemáticas básicas.

Pocos de los que defendieron a Gracie lo hicieron con el argumento de que sus preguntas eran sinceras o revelaban una curiosidad genuina o eran perspicaces.

Preguntas buenas y malas

Sin embargo, muchas preguntas muy buenas tienen respuestas fáciles si se las haces a la persona adecuada.

A menudo, una buena pregunta solo está motivada por la curiosidad, formulada para comprender mejor algo en el mundo, incluido uno mismo.

Por eso, las preguntas de Gracie fueron buenas desde el principio.

Entonces, ¿son buenas todas las preguntas?

No. A pesar del cliché que dice lo contrario, hay muchas preguntas malas.

Una pregunta que se hace mientras otra persona está hablando generalmente no es buena (hay excepciones como interrumpir para preguntar: “¿Hay un médico aquí?”, si alguien cercano se desmaya).

Tampoco son buenas cuando se hace la misma pregunta una y otra vez, como “¿Ya llegamos?” o “¿Es hora?”.

Digo esto como padre de dos niños pequeños con tendencia a hacer preguntas cuyas respuestas claramente no son el objetivo.

Nadie debería dejar de hacer preguntas por miedo a la burla.

Aún así, es posible que estas preguntas no sean buenas debido al contexto o su ímpetu.

¿Quizás son buenas las preguntas que se hacen desde la curiosidad?

Esto tampoco es así.

Considera si es apropiado preguntar:

“¿Por qué luces así?” “¿Por qué lloras tan fácilmente?” “¿Te criaron en un granero?” o “¿Qué eres?”, al preguntar por el origen étnico, la raza o el género de una persona.

“¿Eres sexualmente activo?”

No todo está abierto a preguntas.

Y, de hecho, algunas preguntas pueden ser perjudiciales.

La filosofía como pensamiento crítico

En resumen, hay buenas y malas preguntas.

Hay buenas y malas preguntas.

Aquellos que quieran investigar fructíferamente necesitan poder notar la diferencia, no solo para su propia educación, sino para el bien de todos.

Mucho depende de la posibilidad de hacer (buenas) preguntas sin reservas.

Hacerlo es esencial para pensar críticamente, y esto, a su vez, es crucial para resolver problemas grandes y pequeños.

Es un error común pensar que la filosofía es solo un objeto de estudio, un montón de verdades discutibles o las opiniones de hombres blancos (en su mayoría) muertos.

La filosofía, sin embargo, es en realidad una actividad.

Es el pensamiento crítico, que supone desafiar lo que parece obvio y también lo misterioso.

Hacer preguntas no es solo una cosa de niños, estudiantes o filósofos.

Todos deberíamos indagar críticamente y ser tolerantes con la aparente ignorancia de los demás.

Por eso, cuando escuches una pregunta que te parezca ridícula, no des por sentado inmediatamente que lo es.

En su lugar, trata de imaginar un contexto, proporcionando suposiciones tácitas, que haría que la pregunta fuera significativa, incluso urgente, para la persona que la formula.

Aunque la pregunta que hace alguien te parezca ridícula, ponte en el lugar de la persona que la hace.

La capacidad para hacer esto es inestimable.

Requiere adoptar diferentes perspectivas, hacerlo de forma habitual, y es de suma importancia para pensar críticamente.

También promueve la tolerancia.

La importancia de indagar

El mundo que todos compartimos se sustenta en presuposiciones no examinadas.

Esto podría estar bien si uno pudiera estar satisfecho con el mundo tal como es.

Sin embargo, la más mínima reflexión probablemente incitaría a cualquiera a querer hacerlo mejor.

Si los miembros de una comunidad quieren hacerlo mejor, deben ser capaces de indagar libre e ingenuamente.

Deben poder escuchar las preguntas como preguntas, no como afirmaciones, y reaccionar con tolerancia, incluso con generosidad.

Si alguien no puede escuchar una pregunta del tipo “¿Cómo le gustaría comenzar con el concepto de álgebra?” o “¿Por qué eliges no usar una mascarilla?” o “¿Por qué votaría por alguien que parece tener tan poco respeto por el estado de derecho?” o “¿por qué un oficial de policía dispararía a quemarropa siete veces a un hombre desarmado?”, como una invitación a examinar algo que otra persona encuentra desconcertante, y sólo puede considerarlo como una confrontación o un desprecio, todos sufrirán.

Si hay desacuerdo pero no hay preguntas, solo puede haber desacuerdo.

Los problemas que parecen irresolubles permanecerán así.

*Marcello Fiocco es profesor asociado de Filosofía de la Universidad de California, Irvine. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.

 

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