La inteligencia artificial es la herramienta que transformará las aulas

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El profesor Luca Longo puso a prueba a los asistentes en su didáctica conferencia (Mané Espinosa)

Luca Longo, profesor de la Universidad Tecnológica de Dublín, considera que la tecnología puede ser un motor de cambio en la educación, como aliada de docentes y alumnos.

La disrupción que cambie las reglas del juego de la enseñanza llegará de la mano de la inteligencia artificial. Así lo augura el profesor de la Universidad Tecnológica de Dublín Luca Longo, en la conferencia Educación y tecnología, la inteligencia artificial potencia el conocimiento, organizada por Telefónica y La Vanguardia en el Movistar Centre de Barcelona.

El director de Servicios Digitales y Administraciones Públicas de Telefónica en Catalunya, Bruno Vilarasau, encargado de dar la bienvenida al acto, destacó que el objetivo del encuentro era “observar cómo la tecnología puede llevar la educación más allá”, manteniendo “sus valores éticos, sin que se creen diferencias entre los que tienen acceso a la inteligencia artificial y los que no lo tienen”.

En la misma línea, la responsable global de Transformación Digital en Fundación Telefónica, Lucila Ballarino, lamentó que la educación sea “el único sector que no está a la altura de la revolución digital”. En el caso de España, según ella, “hay un problema social enorme entre los conocimientos que tienen las personas que están en el mercado y lo que este pide”. “Los jóvenes necesitan que les ayudemos a tener un lugar en el mundo digital porque el 85% de ellos trabajará desempeñando funciones en profesiones que todavía no existen”, añadió. Por esta razón, Ballarino considera imprescindible situar a “las personas en el centro de la transformación”, sin tenerle miedo a la tecnología.

Siguiendo esta línea, fue la responsable de transformación digital en la Fundación Telefónica quien presentó al ponente, el profesor Luca Longo, como un “devoto de la tecnología, siempre hambriento de conocimiento”. Esta actitud, en palabras de Lucila Ballarino, ha convertido al conferenciante en “un experto en entender cómo aprendemos los humanos y cómo aprenden las máquinas”.

Como muestra de las tecnologías que actualmente pueden aplicarse en las aulas, Longo arrancó su charla pidiendo a los asistentes que sacasen los teléfonos móviles de sus respectivos bolsillos para “plan­tear­les un reto”. Así, les propuso que se conectasen a la aplicación Socrative, donde debían definir, cada uno con sus propias palabras, los dos términos clave de la conferencia: “educación” e “inteligencia ­artificial”.

La nube de conceptos creada por esta tecnología de participación en el aula fue procesada en segundos a partir de las respuestas del público. De este modo, pudo comprobarse que los participantes en este desafío asociaban principalmente la “educación” a los términos “aprendizaje” y “conocimiento”, mientras que definían “inteligencia artificial” usando vocablos como “algoritmos”, “información” o “robots”, entre otros.

El profesor reconoció el esfuerzo del auditorio al tratar de desarrollar estos conceptos, lo que, sobre todo en el caso de la inteligencia artificial, “no es tarea fácil”. Luca Longo señaló que, aunque estos sistemas son considerados “una rama de la informática que se encarga de simular inteligencia en los ordenadores”, él tiene su propia explicación. Para ello, había que formular una pregunta: “¿Pueden pensar las máquinas?”.

Esta cuestión ya la expresó Alan Turing, precursor de la inteligencia artificial que pasó a la historia por haber logrado descifrar los mensajes nazis codificados durante la Segunda Guerra Mundial. Para responderla, en el test de Turing se sugiere a una persona que interactúe con un ordenador y con otro humano, sin tener la posibilidad de ver quién es quién, es decir, con quién está manteniendo relación en cada momento.

Por lo tanto, siguiendo este método, se les manda las mismas preguntas a ambos. “Y si el jugador no es capaz de distinguirlos, eso significa que hemos creado una máquina inteligente”, aclaró Longo. “¿Somos capaces de crear máquinas de este tipo?”, dijo a continuación. “Construirlas no es nada sencillo. Para funcionar, estos dispositivos tienen que reunir una serie de características y propiedades, como entender y procesar el lenguaje, aprender de otras fuentes para obtener la respuesta o ser capaces de representar el conocimiento en forma de textos, de números o de imágenes”, contestó.

“La realidad virtual y la realidad aumentada despiertan la curiosidad y alimentan la creatividad”

En cuanto a la educación, Longo recordó que los alumnos “tienen maneras distintas de aprender”. Una de ellas, aclaró, es “el conductismo”, que “asocia estímulos y respuestas, sin interacción”, de tal forma que “el profesor transmite información confiando en que los estudiantes hayan aprendido algo”. Otra, prosiguió, es el “cognitivismo”, que “considera al ser humano como una máquina”, y a su cerebro, como “una especie de caja negra, intentando comprender cómo aprende”.

La tercera de las teorías del aprendizaje a la que se refirió Longo, según reconoció, es su “favorita”: el “constructivismo”. “En la universidad, todos mis amigos asistían a las clases. En cambio, yo, al cabo de dos semanas, ya estaba en la biblioteca, leyendo a mi aire lo que mostraban las diapositivas de los profesores, y, si no entendía algo, entonces sí, se lo preguntaba”, confesó el ponente.

Este experto en inteligencia artificial agregó que, en el presente, en el momento en el que estamos experimentando el impacto de las tecnologías que “nos permiten estar constantemente conectados y rodeados de información”, estamos viviendo en la era del “ conectivismo” del conocimiento. A su entender, en esta fase, “los alumnos pueden aprender de otros alumnos”.

“La educación no va a la velocidad que debería, está igual que hace tres décadas”

Y su explicación no se quedó aquí. El docente quiso ilustrar a continuación las ventajas de este “ conectivismo”, todas ellas ligadas a la digitalización. Además, lo hizo como imparte de forma habitual sus clases, por las que fue reconocido con el National Teaching Hero Award (el Premio Nacional Héroe de la Enseñanza) en el 2016.

“Empecé por buscar una cámara, grabé mi clase de dos horas y la convertí en un vídeo de 30 minutos. Lo revisamos en el aula, y también está en YouTube, por lo que no hace falta que los alumnos tomen notas. Eso es lo primero que debemos agradecer a la tecnología. Tenemos una hora y media de esas dos horas para hablar sobre el contenido y empezar a construir juntos, incluso saliendo del aula para tomarnos un café. ¿Podéis imaginaros cuánto se puede conseguir con este método?”, exclamó.

En opinión de Longo, existen tecnologías que “ayudan a la pedagogía a empoderar el conocimiento”. Algunas experiencias “ya se están dando hoy”. La realidad virtual, que genera un entorno inmersivo para el usuario, y la realidad aumentada, que incorpora capas de información al mundo real, “despiertan la curiosidad como un juego y alimentan la creatividad”, declaró antes de celebrar: “A mí, eso me parece ­potentísimo”.

“La IA puede ayudar a detectar el ‘bullying’ con técnicas de reconocimiento facial”

Aunque el aprendizaje se convierta en un proceso “totalmente autónomo”, el experto en inteligencia artificial aclaró que la figura del profesor no desaparecerá. La “predicción” de este divulgador es que la tecnología, lejos de excluir al docente del proceso de aprendizaje, será su aliado, puesto que “los tutores inteligentes ayudarán a los profesores a lograr una personalización que facilitará que se desencadene el potencial de talento de cada alumno”.

El subdirector de La Vanguardia Enric Sierra moderó el debate, en el que el propio Longo y Lucila Ballarino atendieron las preguntas y peticiones del público. Hay expertos que sostienen que la inteligencia artificial puede ser vista como un buen aliado en la detección del bullying o acoso escolar; por eso, hubo asistentes que quisieron conocer la opinión de Longo al respecto. “Una de las acciones que se pueden llevar a cabo es instalar una cámara para detectar las emociones de esas personas en tiempo real”, argumentó.

Otra preocupación expresada por los asistentes estaba relacionada con la posibilidad de que la tecnología provoque una “brecha digital” que incremente las desigualdades entre centros educativos. Por este motivo, los que cuentan con más recursos todavía se situarían más lejos de los peor dotados. No obstante, Ballarino matizó lo siguiente: “No hace falta muchísima tecnología para mejorar la educación en el aula. Veo el futuro de una manera muy positiva”.

La audiencia también pidió a los ponentes que abordasen el debate sobre la ética en el entorno digital. “Hay que asegurarse de que uno no está transmitiendo a la inteligencia artificial juicios de valor. El cuidado debe ser máximo cuando se programa estos algoritmos. Siempre que haya humanidad, habrá subjetividad, y se deben tomar todas las precauciones al respecto”, explicó Ballarino.

Luca Longo insistió en que “las humanidades juegan un papel importante” en este terreno. Para él, la “multidisciplinariedad” aplicable “al universo digital” es de lo más relevante. No hay que menospreciar los conocimientos de otras áreas, como la filosofía o la pedagogía, porque no son secundarios, en ­absoluto.

Algunos de los profesores que escucharon la conferencia pidieron consejo a los expertos acerca del uso de la tecnología digital en las clases. Como síntesis, Enric Sierra trasladó a los ponentes una pregunta muy concisa: “¿Hay que alejar los móviles de las clases o son necesarios para la educación”.

“Mi primer consejo para los profesores es que aprendan a enseñar. En mi charla, he utilizado los móviles de manera constructiva, sí, pero si los empleamos de un modo pasivo, deberíamos prohibirlos. Los ­docentes tienen que entender que lo mejor, a estas alturas, es trabajar con el móvil en clase”, afirmó ­Longo.

Sin embargo, numerosos profesores continúan siendo reticentes a introducir este cambio. “Estamos en el 2019 y la mayoría de mis compañeros, que trabajan en una universidad especializada en tecno­logía, no se valen de las innovaciones digitales”, reconoció el mismo Longo.

La responsable global de Transformación Digital de Fundación Telefónica mostró una imagen “muy elocuente” en la que se veía un aula de 1982 y otra actual para constatar que, en la enseñanza, “estamos igual que hace tres décadas”. Ballarino lanzó un último mensaje a los docentes, animándoles a “utilizar la tecnología para enseñar de un modo diferente, con el objetivo de transformar el futuro de la educación, que no está yendo a la velocidad que debería ir”.

Fuente: Lavanguardia.com

 

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