La educación a distancia como puerta de entrada a las redes sociales

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Foto: Daniel Zender

Para los padres que no esperaban que sus hijos tuvieran dispositivos o usaran las redes sociales tan jóvenes, el aprendizaje virtual fue un impulso inesperado hacia el extremo profundo digital.

Varias semanas después del inicio del nuevo año escolar, estaba sentada en la oficina de mi casa cuando escuché una serie de pitidos que salían de mi teléfono.

Como muchos padres con niños involucrados en el aprendizaje a distancia, lo había configurado para que me avisara cuando sus profesores publicaran una nueva tarea o modificaran el horario del día. Pero la enorme cantidad de notificaciones de esa tarde era inusual, y pronto entendí la razón: mi hija de nueve años estaba en varios grupos de Google Hangout no autorizados, charlando con sus amigos. En cuestión de minutos, mi teléfono había acumulado 80 notificaciones adicionales, todas con mensajes tipo desfile de emojis de unicornios o flujos interminables de “hola”.

Otra revelación perturbadora: mi hijo de siete años estaba viendo felizmente videos aleatorios de YouTube, gracias a las sugerencias generadas de manera automática tras los videos cortos y educativos asignados por su profesor.

Este impulso precipitado de mis hijos hacia las redes sociales podría parecer un asunto relativamente menor cuando se le compara con la magnitud de la pandemia. Pero para los padres que tenían pensado no permitirles a sus hijos tener dispositivos digitales o utilizar redes sociales por varios años más, es preocupante.

Entre los muchos cambios en la vida de los niños pequeños este año, el acceso repentino a la seducción del contenido digital y la oportunidad de comunicarse en línea con sus compañeros compiten por su atención. Y con el aumento de las tasas de infección en todo el país, es posible que las familias tengan que lidiar con la educación a distancia y todo lo que eso conlleva en el futuro previsible.

Entonces, ¿ahora qué? ¿Entregamos a nuestros hijos a la vorágine de las redes sociales y cruzamos los dedos? ¿O tomamos medidas aún más estrictas cuando no estén en los dispositivos por motivos escolares? Ahora que se ha abierto la caja de Pandora, será difícil volver a reducir el acceso cuando se reanuden las clases presenciales.

Normaliza el juego digital

Jordan Shapiro, profesor de la Universidad del Temple y autor de The New Childhood: Raising Kids to Thrive in a Connected World (La nueva infancia: criando hijos para que prosperen en un mundo conectado), propone una táctica diferente. Mucho antes de que la pandemia llegara a nuestras vidas, Shapiro ya había abogado por presentar las redes sociales y digitales —que se han convertido en una parte integral de la sociedad moderna— a los niños antes de lo tradicionalmente aconsejado (muchas plataformas de redes sociales establecen los 13 años como la edad mínima para que los niños puedan abrir cuentas).

“Si quieres enseñarles a las personas a cómo lidiar con interacciones problemáticas dentro de un espacio que es parte de nuestras vidas, no lo puedes hacer ignorándolas”, señaló. Esa también es la razón por la que a Shapiro nunca le ha gustado hablar de “adicción” en cuanto al uso de las pantallas. “Yo, de hecho, sí quiero que mis hijos me digan lo que están haciendo en esas pantallas”, explicó, “y sé que nunca se me acercarán para decirme que comenzaron a fumar hoy”.

En cambio, sugirió Shapiro, los padres pueden incorporar juegos digitales como parte del tiempo en familia e “interactuar con tus hijos, involucrarte con ellos, en especial cuando son pequeños”. En esta etapa crítica (por lo general antes de los 12 años), los niños anhelan tener conversaciones con sus padres —ya sea sobre el último video de YouTube que vieron o el nuevo videojuego que probaron— por lo que los padres deben aprovechar la oportunidad para interceder en el desarrollo del diálogo interno de su hijo.

La Asociación Estadounidense de Pediatría también respalda la idea de que los padres actúen como mentores de las redes para sus hijos.

Parte de la exploración que los padres pueden realizar con sus hijos también podría incluir interacciones en una cuenta de redes sociales familiares en la que los padres “hablen sobre cómo compartir fotos con sus parientes y ‘cuál es la manera apropiada de comentar los mensajes del tío Joey’”, dijo Shapiro. Este modelado de conductas apropiadas ocurre todo el tiempo en los espacios físicos que frecuentan los niños y es igual de crucial para modelar en sus espacios digitales.

Respeta la necesidad de comunicación

Aunque los padres que ven a sus hijos escribiendo mensajes tontos a otros —líneas de puros emoji sin usar palabras, cadenas de “ja, ja, ja” que ocupan media pantalla— puedan llegar a pensar que son irrelevantes, “para muchos niños es su única forma de comunicarse en este momento, por lo que no queremos coartarles eso”, dijo Eileen Kennedy-Moore, psicóloga infantil que ejerce en Nueva Jersey, coautora del libro electrónico gratuito, Growing Friendships During the Coronavirus Pandemic (Cultivando amistades durante la pandemia del coronavirus).

Sin embargo, es importante gestionar sus expectativas en torno a la capacidad de respuesta. “Puede haber muchas razones por las que alguien no responda en una comunicación en línea”, dijo Kennedy-Moore. Los padres pueden ayudar a sus hijos a esperar las respuestas de sus amigos recorriendo juntos escenarios posibles (están en clase en este momento, sus padres los llamaron).

Cuando surjan los conflictos, los padres deben realizar “una autopsia de las interacciones que salieron mal”, dijo Jenny Radesky, experta en niños y medios en el Hospital Infantil C. S. Mott de la Universidad de Míchigan. Un ejemplo de este tipo de revisiones ocurrió hace poco con su hijo de quinto grado, quien tuvo una discusión en un chat porque alguien eliminó a otra persona del grupo y otra persona le cambió el nombre al grupo. “Era solo un drama pequeño y tonto, pero tuvimos que desglosarlo y abordarlo con una mentalidad de resolución de problemas”, dijo.

Fomenta el uso consciente de los medios

Radesky dijo que el director del colegio de su hijo había sugerido que el niño escribiera todas las vías digitales que quería explorar en notas adhesivas, a medida que se le fueran ocurriendo las ideas, y que reservara tiempo en su horario para complacerlas. Las notas son efectivas, dijo Radesky, “porque son una señal visual para el niño, que dice algo como ‘OK, esta es mi lista de cosas que haré más tarde, pero en este instante seguiré enfocado en lo que estoy haciendo’”.

Radesky también ve este momento como una oportunidad para que tanto niños como adultos adquieran una mayor “conciencia de nuestra relación emocional con la tecnología, y cómo puede enfocarnos o dispersarnos”. Algunas preguntas que puedes plantearle a tu hijo son: “¿Qué es esa pequeña emoción divertida que sientes cuando recibes un correo electrónico? ¿Cómo se siente? ¿Qué esperabas?”. Aunque, en general, las conversaciones sobre las reacciones a la tecnología puedan ser incomprensibles para los niños más pequeños, Radesky afirmó que igual vale la pena comenzarlas, incluso con niños de apenas cinco años.

Fomenta el aprendizaje digital

Otra forma de criar usuarios conscientes de los medios es alentar a los niños a crear utilizando herramientas digitales, dijo Radesky. Esa “mirada tras bastidores de cómo se fabrica la tecnología, qué requiere, y cómo se manifiesta la perspectiva del creador en términos de lo que aparece en la pantalla”, pone en marcha el desarrollo del ojo crítico de un niño, con el que observará otros medios que consumirá. Radensky comentó lo divertido que fue observar hace poco a sus dos hijos crear un cortometraje utilizando iMovie y ver por qué eligieron diferentes elementos en su diseño. Una ventaja adicional: investigaciones sobre tecnología educativa han demostrado que cuando los niños crean juntos a través de los medios, a menudo se genera una buena colaboración social.

Sin embargo, el aprendizaje digital no es eficaz para combatir la susceptibilidad a los anuncios publicitarios, advirtió Thomas Robinson, profesor de pediatría en la Universidad Stanford. “Los niños menores de siete u ocho años no tienen la capacidad cognitiva para diferenciar entre publicidad y contenido”, dijo Robinson, fundador del Human Screenome Project, sobre el impacto y la promesa de los medios digitales.

Robinson hizo un paralelo con la alfabetización financiera, que tampoco es probable que se desarrolle por sí sola sin implementar intervenciones de comportamiento. “Lo que funciona es cuando ponen opciones predeterminadas”, dijo, como que su contribución 401(k) se deduzca automáticamente de sus cheques de pago. De manera similar, se puede enseñar a los niños (con la ayuda de sus padres) a bloquear o limitar el tiempo que pasan en sitios web, juegos y aplicaciones problemáticas cuando están en un estado fresco y son más resistentes a la tentación. Al leer las noticias, enseñen a los niños cómo repasar una lista de comprobación como la de buscar la fuente, averiguar si también está siendo reportada por fuentes de noticias de confianza y pensar de quién procede.

Radesky enfatizó que “lo que es realmente difícil de este momento, es que todas estas herramientas que no fueron diseñadas óptimamente para los jóvenes estudiantes y los cerebros jóvenes se están implementando rápidamente en un momento en que los padres tienen la menor cantidad de espacio mental para ayudar a sus hijos a navegarlo”. En última instancia, su consejo a los padres es “hacer lo que puedan para mantenerse cuerdos y sentir que están manteniendo alguna conexión con sus hijos”. Eso es lo que nos ayudará a todos en este momento.

Fuente: Connie Chang / nytimes.com

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