Artículo basado en el libro: La fe en Dios a la luz de la racionalidad de la ciencia y la filosofía
El ateísmo funda su negación de Dios en diversos tipos de argumentos. Normalmente son argumentaciones a posteriori, en las que se pretende probar que la existencia de Dios es incompatible con algún fenómeno conocido (el mal o la libertad humana, por ejemplo). Otras veces, la estrategia es indirecta: busca desenmascarar el origen de la idea de Dios, es decir, descubrir por qué el hombre ha creado a Dios. Pero esas razones enmascaran muchas veces motivos menos racionales: una pretensión de libertad que se piensa alcanzar declarando a Dios inexistente y liberándose por tanto de su dominio.
Jean-Paul Sartre nació en París el 21 de junio de 1905. En 1929 se doctoró en filosofía. Tras el servicio militar, comenzó a trabajar como profesor de secundaria enseñando filosofía, y en 1933 ganó una beca que le permitió trasladarse a Alemania, donde conoció la filosofía de Husserl y Heidegger y continuó sus clases hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En 1939 fue reclutado por el ejército francés y en 1940 fue capturado por los alemanes con el rango de oficial en Padoux, llevado a Nancy y luego al campo de prisioneros Stalag XII D, en Treveris (Trier), Alemania, en donde pasó 9 meses, hasta que en abril de 1941 lo liberaron por mala salud, recuperando el estatus de civil..
Sartre es conocido como uno de los más ateos, nihilistas y existencialistasde todos los pensadores y autores del siglo XX, y sin embargo nos dejó una obra de teatro singular, con un mensaje de esperanza y un contenido de índole cristiano.
Así, durante su estancia en Stalag XII D, tuvo que pasar las navidades de 1940preso junto a algunos sacerdotes con los que entabla cierta amistad, y al llegar las navidades, estos le animan a escribir una obra de teatro para dar esperanza a sus compañeros de confinamiento. Así nació «Barioná, el hijo del trueno«, una pequeña obra de teatro en la que se busca transitar por el sufrimiento humano extremo para finalmente encontrar un sentido o redención, a menudo a través de la proyección de un nuevo significado de la existencia. Sartre en este caso muestra una humanidad coherente. Su tema central es la Navidad, y la libertad humana se enmarca en la «encarnación de Dios», teniendo en cuenta todos los elementos del drama: ternura, libertad, rebelión, redención y vida y muerte.
Fragmentos de Barioná, el hijo del trueno:
“La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que habría que describir de su cara es una reverencia llena de ansiedad que no ha aparecido más que una vez en una cara humana. Y es que Cristo es su hijo, carne de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve meses lo llevó en su seno, le dará el pecho y su leche se convertirá en sangre divina. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos, se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo, ante este niño que infunde respeto. Y es una dura prueba para una madre tener vergüenza de sí y de su condición humana delante de su hijo. Aunque yo pienso que hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos, en los que siente, a la vez, que Cristo, su hijo, suyo, es su pequeño, y es Dios. Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí. Tiene mis ojos y la forma de su boca es la de la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí. Y ninguna mujer, jamás, ha tenido así a su Dios para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos, un Dios caliente que sonríe y que respira, un Dios al que se puede tocar; y que sonríe. Es en uno de esos momentos cuando pintaría yo a María si fuera pintor. Y trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe.”
Cuando Sartre salió del campo, renegó de la obra y no autorizó su publicación hasta 1962, en la que permitió que se hiciera una pequeña edición de unos 500 ejemplares siempre y cuando apareciera una nota: «El hecho de que haya tomado el tema de la mitología del cristianismo no significa que la dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento durante el cautiverio«. Según él, simplemente trató de encontrar, de acuerdo con los sacerdotes, un tema sobre el que conseguir, aquella noche de Navidad, la unión más amplia posible entre cristianos y no creyentes.

En conclusión, aunque la razón diga que no hay Dios, el corazón o la condición humana necesita uno para contender con la angustia de la existencia. Aunque intelectualmente no se pueda confirmar a Dios, la angustia existencial busca desesperadamente un sentido superior.
Para profundizar en las ideas expuestas y acceder al contenido completo del análisis, puede ampliar la lectura en el siguiente enlace:
La fe en Dios a la luz de la racionalidad de la ciencia y la filosofía

