Invertir en educación en la primera infancia de calidad es fundamental para combatir la pobreza de aprendizajes y generar capital humano

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Imagen: iSotck

El aprendizaje de los niños más pequeños ha sido el aspecto más perjudicado por la COVID-19, especialmente en los países de ingreso bajo, lo cual acentuó la necesidad de contar con estrategias factibles y basadas en datos concretos para lograr una educación en la primera infancia (EPI) de calidad y a gran escala. En el nuevo volumen del libro del Banco Mundial titulado Quality Early Learning: Nurturing Children’s Potential (Aprendizaje temprano de calidad: Nutrir el potencial de los niños), dado a conocer hoy, se analiza la ciencia del aprendizaje temprano y se brindan sugerencias prácticas sobre los elementos y principios fundamentales para prestar una EPI de calidad.

La publicación reúne el trabajo de los principales expertos multidisciplinarios en el campo del aprendizaje temprano para compartir información sobre prácticas rentables tendientes a apoyar el aprendizaje temprano de los niños en los países de ingreso bajo y mediano. El informe hace hincapié en que los niños pequeños tienen una enorme capacidad de aprender durante los primeros años de vida, capacidad que se debe nutrir y aprovechar de manera deliberada. La EPI de alta calidad puede ayudar a los niños a desarrollar las habilidades cognitivas y socioemocionales, las funciones ejecutivas y la motivación que les permitirán alcanzar resultados satisfactorios tanto dentro como fuera de la escuela. Las inversiones en la EPI sientan las bases para generar el capital humano necesario para lograr bienestar individual y sociedades más equitativas y prósperas.

“Muchos países tienen ahora una oportunidad única de implementar las políticas y los sistemas que les permitan prestar una EPI de calidad y equitativa, de manera progresiva, gracias al aumento del acceso a esta educación”, subrayó Jaime Saavedra, director global de Educación del Banco Mundial. “Hacer las cosas bien desde el principio, tanto en los primeros años de vida de los niños como en las primeras etapas de elaboración de un sistema de EPI, es más sencillo y más eficiente que subsanar las deficiencias en el aprendizaje fundacional y corregir los sistemas de prestación posteriormente”.

El bajo nivel de acceso y calidad de la EPI agrava la crisis mundial del aprendizaje. Se estima que el 53 % de los niños de 10 años de edad en países de ingreso bajo y mediano se ven afectados por la pobreza de aprendizajes, lo que significa que no pueden leer ni comprender un texto breve. La pandemia de COVID-19 no ha hecho más que exacerbar la crisis del aprendizaje, y se prevé que la pobreza de aprendizajes aumentará hasta situarse en un nivel superior al 70 %. Dado que los países buscan lograr una mejor reconstrucción tras la pandemia, incluso a pesar de las grandes limitaciones de recursos que enfrentan, las inversiones en EPI de calidad deben formar parte integral de los planes nacionales tendientes a recuperar y acelerar el aprendizaje.

En el informe se recalcan tres puntos clave:

  1. La ampliación del acceso a la EPI debe equilibrarse con iniciativas destinadas a garantizar la calidad y mejorarla. Para garantizar que las inversiones en EPI permitan mejorar el aprendizaje, la magnitud de la ampliación de la EPI no debe superar la velocidad con la que se pueda asegurar un nivel mínimo de calidad.
  2. Las inversiones que permiten mejorar el aprendizaje de los niños deben estar primeras en el orden de prioridad. Las inversiones clave para aumentar la calidad en el salón de clases, tales como mejorar la capacidad de los miembros de la fuerza laboral que intervienen actualmente en la EPI, adoptar una pedagogía acorde a la edad y garantizar espacios de aprendizaje seguros y estimulantes, no necesariamente tienen que ser muy costosas o complejas para ser efectivas.
  3. Los sistemas que brindan un aprendizaje temprano de calidad y a gran escala se construyen de manera deliberada y progresiva con el tiempo, mediante la planificación minuciosa y múltiples inversiones, tanto en el entorno del hogar como en otros factores que inciden en el aprendizaje temprano fuera de la escuela, especialmente para los niños más desfavorecidos.

Saavedra también señaló que “Esto es algo urgente. Si tenemos la esperanza de formar estudiantes capaces y seguros de sí mismos, preparados para hacer frente a los desafíos que se les presenten de cara al futuro, debemos nutrir la capacidad de cada uno de ellos a través de inversiones en educación en la primera infancia de calidad para todos. Ya son muchos los niños de tres, cuatro y cinco años esperando tener su oportunidad”.

Para obtener más información, visite:

Quality Early Learning: Nurturing Children’s Potential

 

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