Innovación en educación por medio de las tecnologías educativas y las neurociencias en el contexto de la pandemia de Covid-19

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Foto: Agencia Uno

La pandemia que azota al mundo desde el año 2020 ha provocado que el sistema educativo mundial diera un salto a la tecnología, pero de manera forzada para continuar sus procesos formativos sin que docentes y estudiantes estén alfabetizados digitalmente.

Esta situación se evidenció en diversos lugares del mundo, pero sobre todo en America Latina. Desde el año 2010 diversos estudios publicaron la importancia de incluir las Tic (Tecnologías de la información y comunicación) en la educación y prepararse para la llegada de las generaciones “Millennials y Centennials” que gestionan gran parte de su quehacer -y no exento de ello la educación- por medio de dispositivos móviles.

Sin embargo, el sistema educativo no tomó en consideración estos cambios tecnológicos y en los colegios se evidenciaba la misma metodología y estrategias de hace 200 años atrás dentro de las aulas, en un contexto digital y de globalización muy distinto a esa época histórica; por lo tanto, para el año 2010 ya se estaba preparando a esta generación de estudiante para un futuro, con tecnologías y conocimientos del pasado y sin dominar la tecnología del presente en aquellos años a inicios de la primera década del segundo milenio.

Pasaron diez largos años de un avance tecnológico nunca visto en la historia de la humanidad, para que en el año 2020 los dispositivos inteligentes pasaran a ser masivos y conocidos y con la potencia suficiente como para realizar tareas que antes solo era posible desde un computador de escritorio de un alto costo.

No obstante, este avance tecnológico no fue acompañado de la educación en el uso productivo de estos dispositivos y por consiguiente, una población no menor, en pleno año 2020, se encontraba analfabeta en el uso de la tecnología con fines educativos y que se aleja del único uso que la comunidad en general realizaba con estas herramientas que son las redes sociales.

Estudiantes y docentes se vieron forzados a participar en el uso académico por medio de estos dispositivos, sin tener las competencias suficientes para esta determinada labor.

Nuestra capacidad de reacción para resolver esta situación producto de la pandemia y continuar los procesos educativos, se encuentra atrasada en más de diez años. Recién en el año 2021 se está abordando la alfabetización digital para docentes y estudiantes, tecnología que ya estaba disponible en el año 2010.

Otra vez no estamos poniendo atención a las tecnologías y nuevos conocimientos del presente, lo que indica que nuevamente estaremos cometiendo el mismo error, trasladando teorías, estrategias, metodologías educativas que se vienen realizando hace más de 200 años en las aulas físicas y forzando su replicación en los entornos virtuales de aprendizaje, desconociendo las nuevas evidencias del aprendizaje humano que ha promovido las neurociencias por medio de la neuroeducación, invitando a los educadores a conocer la evidencia científica disponible para una necesaria innovación en la educación usando las TIC como un canal más para el propósito educativo y no como un fin en sí mismo.

La innovación tiene muchas definiciones, sin embargo una de las más utilizadas para describirla es la siguiente: “Nuevas soluciones y más eficientes, para problemas ya existentes”.

Algo similar ocurre con la educación. Siglos atrás, los maestros eran los únicos poseedores del conocimiento y fuente monopolizada de la información. Esta a su vez pasaba del maestro hacia los aprendices por medio del conductismo.

Los “maestros” poseían un rol protagónico en el proceso de enseñanza – aprendizaje- y los estudiantes adquirieron un rol pasivo en el mismo proceso, sumado al escaso pensamiento crítico que dicho modelo no propiciaba en los estudiantes, porque al antiguo maestro no se le contradecía y menos se cuestionaba su autoridad.

En la actualidad la información no se encuentra monopolizada, está al alcance de cualquiera y desde dispositivos digitales portátiles como los smartphone y laptop que permiten en un segundo ingresar a la red de información. Es por tanto que los “nuevos maestros” están llamados a mejorar integralmente las competencias de sus alumnos, centrando el proceso de enseñanza – aprendizaje en sus estudiantes y adquiriendo para ellos un rol de docente facilitador. Pero, ¿por qué este cambio de paradigma? Las respuestas son muchas y muy diversas. La información para adquirir los conocimientos está disponible al alcance de la mano y los maestros por medio de la didáctica, centran sus esfuerzos a enseñar a los estudiantes en el “cómo usar y gestionar la información disponible adquiriendo un rol protagónico del educando por medio de las metodologías activas”.

Por ejemplo, el aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en proyectos, clase invertida, entre otras, cuyo propósito no es solo la transferencia de información, sino que también a robustecer las competencias de sus estudiantes en una determinada labor y contexto por medio del “saber”, el “saber hacer” y el “saber ser” este último, para desempeñar una determinada tarea, bajo el alero de un conjunto de actitudes y valores que promueven una sociedad sana y colaborativa.

La intromisión de la “Neuroeducación” que nace de las Neurociencias, promueve el cuestionamiento de las creencias y mitos que viene arrastrando la educación por siglos, poniendo a prueba las conclusiones basadas solo en la observación y aplicando el método científico para desmentir estas falsas creencias y neuromitos por medio de las evidencias, tales como “usamos el 10% de nuestro cerebro” y los “estilos de aprendizajes” producto de interpretaciones erróneas como lo declara la OCDE en un informe sobre los neuromitos. Otro aporte del estudio por medio de las neurociencias, evidenciaron que las estrategias de técnicas de estudio con mayor retención, son los procesos activos, como por ejemplo: la recuperación activa, repeticiones espaciadas por periodo de tiempo y el efecto prueba.

Es así como esta nueva tendencia viene a poner a prueba prácticas educativas que se vienen ejecutando desde hace siglos. Este método científico comienza por medio de la “observación”, luego se identifica un determinado “problema”; posterior a ello y con la información disponible se elabora una “hipótesis”, todo esto se pone a prueba (la hipótesis) por medio de una “experimentación” y si los resultados evidencian que la hipótesis es correcta el resultado es positivo y debe ser considerado como la solución adecuada al contexto. Pero si el resultado es negativo, la hipótesis debe ser desechada. No importa que tan atractiva pueda ser la “hipótesis” o que tan “noble pueda ser su autor”, es por esto que bajo esta nueva corriente, todas las personas merecen respeto, pero las ideas no, estas últimas se las tienen que ganar por medio de las evidencias. Es así como la neuroeducación, neurociencias, metodologías activas, técnicas de estudio de mayor retención y las tecnologías educativas, proponen esta perspectiva de la innovación “Nuevas soluciones y más eficientes, para problemas ya existentes”.

Fuente: Mauricio Palma/latercera.com

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