Enseñar y educar en tiempos emergentes

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En primer lugar, la labor docente implica una permanente formación académica con el propósito de realizar un ejercicio docente con responsabilidad, ética y calidad, este oficio no es nada sencillo porque sobre el educador recae un gran deber ser, la actividad educativa debe ser pensada, contextualizada y participativa con la intención de involucrar a todos sus actores para responder a los requerimientos que le impone los tiempos emergentes caracterizados por profundos cambios e insertar al sujeto educable al dinamismo presente en la sociedad-mundo. Un factor que ha permeado a la educación y a la sociedad en general es la asunción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), estas han transformado al mundo y al mismo tiempo han determinado un nuevo rumbo que debe incorporarse en las agendas educativas de los países del globo terráqueo.

La incidencia de las TIC en la educación ha provocado un cambio de paradigma educativo, ante este hecho los procesos de enseñabilidad y educabilidad en la escuela y en cualquier escenario educativo presentan una necesidades particulares, entonces la introducción de las TIC en el ámbito educativo han trazados rutas de un modelo educativo emergente y esto debe entrar a dialogar para la consolidación de una política de formación docente, asimismo, trazar directrices rectoras para que los establecimientos educativos integren la acción de educativa con la tecnológica.

De otro lado, los cambios permanentes de la sociedad conllevan a nuevas dinámicas generando incertidumbres para transformar los modos de vida de los individuos. Si pensamos que la educación direcciona el rumbo de la sociedad, quizás este ámbito disperso de los otros nos mueve a realizar nuevos planteamientos y se convierte en la mejor opción para que el sujeto educable sea transformado y transformador ante los retos que emergen en los contextos cambiantes de la aldea global. Consolidar a la educación como el norte aboga una concepción de fortalecimiento de políticas de Estado por y para una educación con mayor acceso, cobertura, infraestructura, conectividad, capacitación constante y continua, entre otros; para optar por nuevas propuestas educativas que conecten la realidad escolar de los establecimientos educativos con los objetivos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en la Agenda 2030 de Educación para que en los próximos años gocemos de planes de educación que apunten a reducir las disparidades educativas en aras de impulsar una proyección educativa articulada, participativa, equitativa e incluyente.

La coyuntura global causada por el Covid-19 situó al maestro a repensar su enseñanza en tiempo de crisis, la educación es un rompecabeza que requiere de saber usar cada pieza con intención de cambio y que estas agrupen lo disperso del sistema educativo y las relaciones familia-escuela-sociedad para concretar experiencias educativas creativas e innovadoras y que despierten la motivación de aprender a aprender. La figura del educador-formador tiene que ser trascendental en estos tiempos que agudizan una crisis del campo educativo, en donde los ambientes de aprendizaje están siendo afectados por factores tanto internos como externos del ambiente en donde crece el individuo, por esta razón es clave que el docente en los momentos educativos  reconozca la condición humana del sujeto central del proceso de enseñanza-aprendizaje para que los saberes sean entendibles y comprensibles en función de concretar que la base de una nación se encuentra en la educación.

En la actualidad las nuevas tecnologías generan repercusiones en la construcción de la escuela del mundo de hoy que está permeada de varios elementos que confluyen en el acto educativo, esto nos da entender la aparición de un enfoque educativo que no está centrado únicamente en mejorar los aprendizajes cognitivos, sino que también reconoce la importancia de una educación que promueva habilidades sociales y para la vida, a esto también se suma una educación emocional, educación en valores y en formación ciudadana posibilitando la desaparición de la educación tradicional y en consecuencia hallar una nueva puerta para la educación de los llamados sujetos nativos digitales y al mismo tiempo, reestructurar los procesos educativos-formativos acordes con los contextos de cambios, resaltando las macrovisiones de la tarea del educado-formador y su función social.

Fuente: Andrés Llinás Banderas/diariolalibertad.com

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