¿Enseñar a leer, escribir, sumar, restar, o enseñar a amar y vivir?: Escuelita de Hospital

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Celso Delgado Uriarte

Consultora REDEM – Venezuela

 

Apreciada Carolina, ¿Te acuerdas cuando comenzábamos a soñar con la escuelita para niños con cáncer dentro del hospital Agustín Zubillaga auspiciada por la Fundación Lauría y la Sociedad de Niños con Cáncer? Pensábamos cómo hacer ante el Ministerio del Poder Popular para la Educación para buscar las estrategias con el objeto de que los niños tuviesen sus grados aprobados? Hoy hemos entendido que ese aspecto de la educación formal cambió su significado al lado de aprender a valorar lo verdaderamente trascendente y es lo que has hecho con el programa de amor que has ejecutado con un currículum cargado de experiencias creativas llenas de emocionalidad y amor. Tu eje formativo se basa en desarrollar la inteligencia emocional y espiritual de tus estudiantes y sus familias. Eso no significa que no haya que enseñar a leer, escribir, sumar, restar, conocer valores patrios tan necesarios en este momento, como democracia, ciudadanía, poderes públicos, respeto a las leyes, cumplir con procedimientos administrativos, etc. Es sencillamente buscar el punto medio entre lo trascendente para el espíritu y lo que será de utilidad práctica para la cotidianidad presente y futura, tomando en cuenta la difícil realidad de estos niños y sus familias. La escuelita que diriges es un modelo de institución educativa NO CONVENCIONAL y bajo esa modalidad es que debe ser reconocida para que no se dañe su esencia.

foto de articulo Angarita 2013 - hospital

Sueño con que todas las instituciones educativas venezolanas, convencionales y no convencionales asuman el reto de la educación bajo esta misma perspectiva aunque sus estudiantes no estén expuestos a terribles problemas de salud como los niños del hospital. Tomando en cuenta que las familias de todos los estratos sociales vivimos hoy bajo una circunstancia sociopolítica cargada de incertidumbre, turbulencia, inseguridad, impotencia, carencias materiales y espirituales, etc, esta misma visión de la educación debe ser asumida tanto por maestros como por padres y autoridades en todos los niveles formativos. Este es el verdadero sentido de educar las competencias para la vida más allá de llenar cuadernos, conocer y repetir conceptos.

Fomentar la sensibilidad hacia lo bello, la satisfacción por el esfuerzo de lo bien hecho, la alegría por compartir los pequeños logros de cada día ayudados, acompañados, comprendidos, aceptados e incluidos, cada uno con su circunstancia, son las células germinales que construirán familias que podrán trascender por encima de las dificultades hoy y siempre. Es una invitación a buscar lo más hermoso y necesario que hay en el fondo de cada hijo, estudiante y ciudadano y construir experiencias significativas con objetivos ciertamente alcanzables.

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