Cyberbullying: Impactos en la Juventud y en los Colegios en Oregon

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Marcos K. Miranda

Marcos K. Miranda

Consultor REDEM – Estados Unidos

 

Cyberbullying: Impactos en la Juventud y en los Colegios en Oregón

Marcos K. Miranda, M.A, Political Science
Bernice Freed, M.A, Counseling
Columbia Educational Designs
Working Paper

 

Presentación:

El propósito de este trabajo es investigar la temática del cyberbullying en el estado de Oregón, USA. El bullying cibernético es un área de investigación que está en su primera etapa y la comprensión de este es fundamental para entender como las nuevas generaciones se interrelacionan y así cerrar la brecha generacional y poder implementar programas de prevención que tengan bases solidas que se puedan sustentar en el tiempo.

Temática y Definición:

El Cyberbullying o Cybermatonaje es un fenómeno relativamente nuevo que se incluye bajo una definición más amplia de bullying (matonaje). El bullying como tal es definido por Olweus, como “el abuso mental y/o físico hacia una víctima, producido por individuos o grupos”. El bullying se refiere a una relación desigual de poder entre la víctima y el victimario y además que los episodios sean reiterativos en el tiempo (Strauss, 2012).

El Cyberbullying es el daño voluntario y repetido, infligido a través del uso de computadores, celulares y otros dispositivos electrónicos. (Hinduja & Patchin, 2009). Esto incluye todas las comunicaciones basadas en Internet, tales como correo electrónico, mensajes de texto y mensajería instantánea, blogging, sitios webs personales, y sitios en línea de encuestas y de juegos. A pesar de que las incidencias de bullying han ido decreciendo desde haber alcanzado un alza en 2007 con un 32 por ciento, las incidencias de cyberbullying se han mantenido en un crecimiento sostenido (Indicadores de Crímenes Escolares y Seguridad, 2011).

El Cyberbullying difiere de los modos tradicionales de matonaje, los cuales pueden ocurrir incluso sin el conocimiento de la persona, en cualquier momento, desde cualquier lugar. Los mensajes y las imágenes pueden ser posteados de forma anónima y distribuida rápidamente a una gran audiencia. Con el poder de la tecnología, las agresiones pueden incluir una gran variedad de medios digitales incluyendo sonido, gráficas alteradas, texto, video, presentaciones de Power Point, y fotos que permiten un ataque a una víctima que no posee la menor sospecha. Los autores de estos hechos pueden ocultar su identidad, utilizar la de otra persona o bien actuar anónimamente y por lo tanto, el impacto inmediato no es físico y evidente para los demás. Los mensajes y posteos pueden ser difíciles de rastrear y extremadamente difícil de borrar.

Prevalencia

Es difícil de determinar el rango de predominio en los cuales participan los estudiantes en el cyberbullyng o si derechamente son víctimas. Esto varía significativamente, en parte dada la naturaleza y el modo de comunicación y posiblemente la tendencia a normalizarlo en el contexto del ciberespacio. Los informes, encuestas y estudios citan un amplio rango de predominancia de la juventud siendo expuesta a comunicaciones electrónicas no deseadas. Un estudio conducido por Patchin & Hinduja (2005) reportó que 34 por ciento de los estudiantes de Séptimo y Octavo básico, han sido víctimas al menos una vez de cyber acoso y un 22 por ciento ha tenido algún tipo de relación con el bullying.

Wolak, Mitchell, & Finkelhor (2007) reportó que un 28 por ciento de la juventud entre las edades de 10 -17 “hicieron comentarios groseros y desagradables a alguien a través de Internet” (página S53).

Impactos en la Juventud

Las estadísticas de historias trágicas relativas a jóvenes, abundan en la literatura. Los suicidios han sido ligados a las implacables tormentas de bullying y cyberbullying, tales como el caso de la joven de 16 años, Megan Meir que cometió suicidio en el año 2006, luego de ser acosada por la madre de un amigo que se hizo pasar por un chico en My Space. La literatura actual sugiere que el bullying indirecto, como esparcir rumores, exclusión y cyberbullying puede resultar en problemas mentales más severos en el orden sicológico, social y mental, que lo que ocurre con el bullying, porque es más difícil de controlar (Cross, dooley & Pyzalski, 2009).

Las víctimas sufren de angustia emocional, sicológica e intangible que se manifiesta en un estrés excesivo o tensión. La depresión, ansiedad, baja autoestima, sentimientos de humillación, ideas suicidas, enfermedades psicosomáticas e ira son los impactos sicológicos más importantes e impactantes en la juventud. Cross, Dooley y Pyzalski, sugieren que como con el bullying, el cyberbullying también se cree que tiene un impacto en los comportamientos y a la perdida de las habilidades para lidear con situaciones adversas de conductas lo que conlleva al ausentismo escolar, bajas en las notas, aislamiento y en algunos casos, suicidio.

Las víctimas se pueden ver (socavadas) consumidas e híper vigilantes de su entorno del mundo real y así mismo del ciber mundo, lo que es muy real para ellos. Ellos incluso tienden a no comentarlo con adultos, particularmente con los padres por miedo de que sus aparatos móviles sean confiscados, arrancándolos completamente de las redes sociales.

Los adolescentes son particularmente vulnerables a la tensión psicosocial del bullying dado que su tarea es la formación de identidad. Ellos buscan ese sentimiento de pertenencia, la aceptación y afirmación de sus pares. El Cyberbullying puede bloquear esta importante fase y puede bajar su rendimiento de habilidades, y pueden aparecer comportamientos autodestructivos, y comportamientos posiblemente antisociales, de acuerdo al teórico general de la tensión, Robert Agnew (Hinduja & Patchin, 2009). Como resultado de la copia de estrategias, los estudios indican que las víctimas de bullying se pueden volver ellos mismos unos cyberbullies o cybermatones como un modo de venganza y agresión.

Un estudio conducido en Luxemburgo, concluyó que los cyberbullies tienen menos respuesta empática, en contraposición a los bullies tradicionales (cara a cara). Ellos se dieron cuenta que los matones tienden a un matonaje online también, y que las víctimas de bullying directo pueden convertirse en cyberbullies. Ellos explican que los cyberbullies tienen un sentido de poder más singular único y de control más poderoso, además de un sentimiento de fortaleza y de inmunidad impermeabilidades frente a las sanciones (Steff & Konig, 2009).

Impacto en Colegios

Los ambientes escolares deberían ser un lugar seguro para enseñar y para aprender. Libres de crímenes, violencia y acoso. Este axioma se ve amenazado diariamente como se muestra en los Indicadores de Crímenes Escolares y Reportes de Seguridad del Centro Nacional de Estadísticas Escolares, Departamento de Educación y Oficina de Justicia de Estados Unidos. Este reporte anual establece indicadores del estado actual del crimen y la seguridad en colegios a través de la nación. El indicador 11 reporta sobre bullying y cyberbullying, como una medida del ambiente escolar. El último reporte indica que cerca de un 28 por ciento de los estudiantes en las edades de 12 a 18, reportaron haber sido víctimas de bullying en el colegio durante el año escolar 2009. Seis por ciento de aquellos eran cyberbullying. El tres por ciento fue reportado como sujeto de acoso a través de mensajes de texto. Dos por ciento de los estudiantes reportaron que otro estudiante había posteado información hiriente en Internet y dos por ciento reportó que han sido sujetos de acoso a través de mensajería instantánea.

Los estudiantes también reportaron haber sido sujeto de acoso a través de emails, haber sido excluidos de forma online, y de haber sido acosados mientras jugaban (un por ciento cada uno). Un porcentaje ligeramente mayor de mujeres (cuatro por ciento a dos por ciento), reportaron haber sido víctimas de cyberbullying versus sus pares masculinos. Un porcentaje alto de mujeres (38 por ciento) versus los hombres (23 por ciento) reportaron haber notificado a un adulto de haber sido víctimas de cyberbullying. A pesar de que las tasas de bullying son sustancialmente más altas, las tasas de bullying electrónico están creciendo. En el año 2007 a 2009, los reportes de incidentes crecieron en un tres por ciento. Una indicación de que podría haber más incidentes de cyberbullying o tal vez una conciencia mucho más grande.

En el año 2008, La Fuerza de Seguridad Técnica de Internet, reportó que el “bullying y el acoso usualmente por los pares son las amenazas más sobresalientes que tienen que enfrentar los menores, tanto online como fuera de Internet”.

El bullying en su sentido tradicional y el cyberbullying como un nuevo fenómeno son ambos arraigados como “formas de expresión interceptadas, enclavadas y sistémicas” además de “formas de abuso y amenazas homofóbicas, sexistas, y actitudes discriminatorias” (Shariff, 2010).

Tom Hutton, abogado senior del staff de la Asociación de la Junta Nacional, lo ve de dos maneras, reconociendo que existe gran desconocimiento del tema. Hutton observa que los cambios en la tecnología cambian más rápido que la ley y que la política; porque algunos de estos problemas “se conjugan en las escuelas antes de que ocurran en el resto de la sociedad, por lo tanto los oficiales de las escuelas necesitan tomar decisiones antes de que tengan que tener una guía clara que se las entregue la ley” (Magid. L 2009).

Una perspectiva Histórica en los Colegios, la primera Enmienda y Cyberbullying

Los oficiales de las escuelas están luchando con los rápidos avances de las tecnologías digitales y los nuevos y complejos dilemas que pueden relacionarse con un ambiente positivo, privado y seguro de los estudiantes, además de sus derechos legales y restricciones. Uno de los desafíos más grandes es el controlar y fomentar la libertad de expresión de los estudiantes, manteniendo un ambiente seguro para el aprendizaje. Este tema es complejo, debido al crecimiento exponencial del ciberespacio y de los dispositivos que permiten un acceso a la expresión entre los estudiantes.

En el libro, Cyberbullying entre Adolescentes Investigado, El juez Tom Jacobs discute los desafíos de los colegios para resolver y sancionar problemas entre estudiantes, respecto de los derechos que provee la Primera Enmienda. Para los colegios, la libertad de expresión fue puesta a prueba en 1969, en el caso de Tinker v. El Distrito Escolar de Des Moines. En 1965, cinco chicos (cuatro chicos eran de Tinker) expresaron su oposición a la Guerra de Vietnam, al usar bandas en los brazos de color negro para ir al colegio y fueron enviados a casa por violar las políticas del colegio. El estándar de Tinker dice que las autoridades escolares deben tolerar la libertad de expresión del estudiante mientras esta no afecte material o sustancialmente o de hecho, amenace con alterar el ambiente educacional o invada los derechos a la seguridad de terceros.

La Corte Suprema afirmó que las autoridades de las escuelas públicas tienen la autorización para intervenir en materias de expresión a menos que exista una violación a garantías constitucionales específicas. En 1986, la Corte puso algunos límites a la libertad de expresión de los estudiantes, como sucedió en el caso del Distrito Escolar Bethel v. Fraser. La Corte Suprema mantuvo la decisión de suspender a Matthew Fraser, un estudiante en Bethel, por usar insinuaciones de índole sexual durante la nominación por parte del gobierno, de otro estudiante. La Corte explicó que las escuelas públicas pueden prohibir el uso de lenguaje vulgar y ofensivo en términos de discursos públicos.

El estándar de Tinker sobre la libertad de expresión fue reducido aun más, al notar que los educadores pueden ejercer control editorial sobre el estilo y contenido de los discursos de los estudiantes en actividades que son auspiciadas dentro del colegio. La Corte Suprema estipuló que “La Sociedad tiene un interés en la habilidad de los colegios para enseñar a los estudiantes, cuales son los límites de un comportamiento socialmente aceptado”. En ese momento, se supo poco sobre el discurso público y el comportamiento social que ocurriría en el ciberespacio. La Corte Suprema estableció que en temas de educación, la responsabilidad recae en los padres, profesores, estado y autoridades escolares y no en el sistema federal judicial.

A pesar que la Corte pronunció que la libertad de expresión en Internet recibiría los niveles de protección más altos, no es completamente claro en el caso de los menores, respecto de si tienen los mismos derechos que los adultos. Los estudiantes tienen derechos constitucionales de libertad de expresión, incluyendo discursos que sean de índole más grosero y críticos del colegio o de su personal. De cualquier modo, las mismas excepciones aplican, pero no están protegidas: discursos lascivos y obscenos, discursos profanos, discursos difamatorios o que signifiquen infligir estrés emocional. Últimamente, los colegios tienen derecho a intervenir y sancionar a estudiantes cuando sus derechos de expresión afecten el ambiente de aprendizaje o interfiera con los derechos de otros estudiantes.

Implicancias para los Colegios de Oregón

El Acta de Protección de Internet para los Niños (CIPA) es una ley federal que fue creada en el año 2000 por el Congreso para explicar las preocupaciones sobre el acceso a contenidos ofensivos en Internet, vía computadoras de las bibliotecas de las escuelas. CIPA impone filtros de Internet y requerimientos a los colegios y bibliotecas que reciben fondos para acceso a Internet o para servicios de conexiones internas como el programa E-Rate, un programa que hace que las tecnologías de la comunicación puedan ser financiadas. En el año 2008, el Acta de Protección a los Niños en el Siglo 21, incluyó una política de seguridad de Internet adicional, la cual incluía el monitorear las actividades online de los menores y exigía además educarlos con un comportamiento online adecuado, incluyendo la interacción con otros individuos y sitios de redes sociales, así como en chat rooms y enseñar sobre el cyberbullying. Estos nuevos requerimientos debían ser instaurados para el año escolar 2012-2013.

Los estatutos existentes de Oregón (ORS 339.351 a 339.364) relativos a acoso, intimidación, y bullying que se refiere a todos los actos que interfieren sustancialmente con los beneficios educacionales de los estudiantes, oportunidades o libertades, esto incluye a los colegios y todas las actividades auspiciadas por los colegios, o en transportes escolares provistos por las escuelas o incluso cualquier paradero oficial de buses escolares; y especialmente que tengan la capacidad de dañar a un estudiante o dañar la propiedad de un estudiante; poniendo al estudiante en un estado de intimidación razonable, por daño físico o por temor a que sus propiedades sean dañadas; o la creación de un ambiente educacional hostil, incluyendo la interferencia del bien psicológico de un estudiante que puede ser basado en la protección del status de una persona.

Para respetar la CIPA, en 2007, el proyecto de ley numero 2637 de la Cámara de Diputados de Oregón House , corrigió sus estatutos para incluir provisiones sobre el cyberbullying, definiéndolo como el uso de comunicaciones electrónicas utilizadas para acosar, intimidar o realizar actos de matonaje. de acuerdo a Nancy Willard (2007), “en Oregón, el problema no es la legislación actual, sino que el lenguaje existente en el Estatuto que parece excluir la respuesta del distrito escolar a la expresión de los estudiantes fuera del campus, la cual se adecuaría al estándar de Tinker. Con la emergencia del cyberbullying, este lenguaje presenta limitaciones a la posibilidad de las autoridades escolares para efectivamente responder a estas nuevas preocupaciones” (p5).

En el año 2009, el proyecto de ley 2599 de la Cámara de Diputados de Oregón, fue aprobada requiriendo a los colegios el actualizar sus políticas escolares y procedimientos de acuerdo al bullying y cyberbullying, En un memorándum del Departamento de Educación de Oregón, los distritos fueron llamados a “formar fuerzas de trabajo para implementar programas y otras iniciativas que puedan ayudar a la prevención y la respuesta apropiada al acoso, intimidación, bullying, y cyberbullying, y eso incluye a empleados, estudiantes, administradores, voluntarios, padres, guardianes y representantes de la comunidad”. Más allá, el Departamento de Educación recomendó la implementación de una base de acercamiento más fuerte, para prácticas relativas al comportamiento que incluyan enfocarse en Soportes Positivos de Comportamiento (PBIS).

Según el experto Rodolfo Lino es importante tratar la temática del cyberbullying desde una mirada sistémica en donde la comunidad escolar crea un plan de acción que tiene objetivos claros enfocados en el descubrimiento del cyberbullying mediante encuestas y entrevistas con los estudiantes, profesores, padres y apoderados. Asimismo, las actividades de intervención deben estar en marcadas en políticas y procedimientos que toda la comunidad escolar tenga conocimiento. Finalmente, el proceso de combatir el cyberbullying se debe sostener en el tiempo (Lino, 2013). Una de las dificultades en la implementación de un programa de prevención del cyberbullying es la brecha realidad/virtual de los docentes en relación a los estudiantes. En otras palabras, para los estudiantes el mundo virtual es una extensión natural del mundo físico. Para poder cerrar la brecha, los docentes deben aprender no solo la mecánica del mundo virtual si no también su sicología, sociología, y antropología (Lino, 2013).

Prevención

De acuerdo a Nancy Willard, Directora del Centro de Uso Responsable y Seguro de Internet de Eugene Oregón, estableció en su website que actualmente no hay evidencia empírica sobre mejores prácticas respecto del Bullying. Las comunicaciones digitales y tecnologías de la información son un nuevo fenómeno y no hay suficientes estudios en relación a los comportamientos de los jóvenes.

Ella indica que “el asunto que todos deben recordar, fundadores, desarrolladores de programas, comunidades, escuelas y familias, es que estos programas necesitan funcionar realmente. Ellos necesitan cambiar las actitudes de los jóvenes e inspirar a la juventud a tomar decisiones inteligentes y éticas sobre cómo deben comportarse cuando están online”.

Los investigadores son cautos respecto de la implementación de programas de prevención y programas de intervención que no han sido totalmente evaluados en cuanto a su eficacia. Es importante aprender de programas de prevención que han fallado con anterioridad en el campo de los abusos de sustancias (D.A.R.E, Solo di que no), o de uso del tabaco y de embarazo juvenil. Es importante que nos abstengamos de saltar a conclusiones que no son exactas, basadas en la percepción de amenazas y de datos anecdóticos y de miedos sensacionalistas. Estas tácticas son conocidas por crear un efecto bumerán, esencialmente contribuyendo al problema por aumentar comportamientos indeseables, al normalizarlos.

Como lo describe el Dr. John Palfrey, Internet no es “inherentemente bueno o malo”; es meramente una conducta entre humanos para una interacción de máquina a máquina.

“No hay nada que podamos hacer salvo proteger a la juventud de América de ser dañados de forma online”. Esta es la responsabilidad de los adultos, el proveer de guías para mantenerse a salvo y minimizar la exposición a material ofensivo. La prevención adecuada requiere de la colaboración de todos en algún nivel. Los padres, profesores, autoridades escolares, oficiales de la ley, líderes comunitarios y la misma juventud, tienen una misión en prevenir el daño del cyberbullyng y de prácticas poco sanas en Internet.

Las autoridades escolares necesitan asegurar que el clima escolar que conduce a enseñar y aprender con seguridad, sea una preocupación primaria. Más aún, deben propender un ambiente más positivo, cálido y amigable que guíe a un decrecimiento de las incidencias de bullying (Hinduja & Patchin, 2009) y un crecimiento en el desarrollo escolar. De este modo, es importante enfocarse en el aprendizaje emocional de los estudiantes, promoviendo la amabilidad, la civilidad y el respeto entre los pares, a partir del staff del colegio y dentro de los mismos estudiantes.

El Soporte de Comportamiento Positivo (PBIS) ha demostrado que hay estudios que demuestran que los estudiantes que se sienten con un apego al colegio, son menos propensos a estar involucrados a actitudes hirientes o actividades problemáticas. Existen estudiantes que han sido empoderados para poder desarrollar habilidades efectivas de resolución de conflictos y han recibido entrenamiento asertivo que puede mitigar las incidencias de bullying en los colegios y de forma online. Al usar el poder de los pares y sus influencias de un modo positivo, ayuda a la interacción social, a través de programas de mentores dentro de los estudiantes o estudiantes embajadores. La juventud definitivamente estará expuesta a contenido no deseado que puede ser problemático, el cómo respondan a ellos es el desafío.

Los educadores sirven como un modelo a seguir al proveer de un ambiente ameno, seguro y positivo. Por lo mismo, se necesita recibir entrenamiento en bullying y cyberbullying para aumentar la conciencia y el entendimiento, esto puede ayudar a ser un factor de protección para estudiantes en riesgo.

Los profesores están en primera línea en cuanto a la interacción entre los alumnos y poseen un mejor entendimiento y habilidades para lidiar con el bullying, por lo tanto pueden ayudar a intervenir en situaciones difíciles. Los educadores además necesitan confiar en las políticas y procedimientos que existen y que tienen que ver con el cyberbullying y con la promoción y compromiso y un con un discurso informativo en la sala de clases en el cual las normas de civilidad deben ser respetadas y establecidas.

Los colegios deberían tener reglas establecidas de acuerdo al uso de la tecnología, personal y respecto a los dispositivos que le pertenecen a la escuela. Además de la Política de Uso Aceptable (AUP), la cual puede ser demasiado lejana e impersonal, las autoridades escolares deberían tener una lista de reglas amigables con los niños para computadores y dispositivos móviles visibles en la sala de clase.

Las autoridades escolares y educadores necesitan saber cómo informar a los estudiantes sobre sus derechos y también sobre las limitaciones establecidas en la ley. Shaheen Shariff en su libro Confrontando el cyberbullying, establece que “El Ciberespacio no puede ser controlado, el manejo tradicional de un colegio y sus técnicas antiguas ya no sirven. Las tecnologías pueden, de cualquier modo, proveer muchos usos y vías de colaboración para educadores y sus estudiantes para así poder guiar en la creación de normas y de aprendizaje” (Shariff p 24).

La disposición de la sala de clase es el lugar perfecto para este tipo de discusiones, más que el aprendizaje de políticas, lo importante es aprender de las consecuencias del bullying, acoso o cyberbullying.

La prevención también comienza en casa. Los padres y cuidadores necesitan estar informados y aprender a mirar las señales para ambos, el cyber acoso y la victimización o posiblemente ambos.

El gobierno de Estados Unidos y el departamento de Servicios de Salud tienen una website bastante fácil de entender con signos y alertas que pueden ayudar a detectar los comportamientos que puedan tener los adolescentes. Hay muchos recursos disponibles online. Las escuelas pueden proveer de educación para padres y convertirse en una fuente de ayuda para navegar en un territorio nuevo, desarrollando estrategias de supervisión, acuerdos y consejos de ayuda. El informar a los padres sobre las señales de alerta y acercamientos proactivos, pueden mitigar los problemas potenciales y avanzar a paso firme. Además, el ayudar a los padres a lidiar con las incidencias de cyberbullying, puede ser la forma más efectiva de resolver el problema de un modo menos punitivo.

Interviniendo

En el presente, los expertos sugieren que la intervención frente al cyberbullying es una iniciativa que debería ser incorporada a programas más comprensivos y basados en experiencias empíricas, como el Programa de la Prevención del Bullying de Olweus (Hinduja&Patchin, 2009). Barbara Trolley en su libro Densificando y Desencalando el Cyberbullying en los Colegios, propende a un acercamiento proactivo para lidiar con el cyberbullying y sugiere que los colegios deben usar el Programa de Respuesta Terapéutica, llamada PEAS., el cual establece un apoyo sicológico, educacional, y social. Este programa también está apoyado por expertos en el campo del cyberbullying: Sameer Hinduja y Justin Patchin. Hay elementos importantes en el establecimiento de programas comprensivos que incluyen:

a) Establecer una evaluación comprensiva de la situación de cyberbullying en el colegio, para establecer una línea de base de incidentes y de su impacto en los estudiantes y en el ambiente educacional.

b) El reporte de cyberbullying y sus incidentes, completados por autoridades escolares y el uso de documentación y recopilación de evidencia. La documentación de incidentes es esencial para tenerlos a mano en caso de que una ofensa pueda llevar a una expulsión.

c) Debe existir un formulario establecido para el estudiante, completado por él y usado para determinar el apoyo necesario y las intervenciones en respuesta a los incidentes.

d) Una evaluación y disposición considerando los riesgos y los factores de resiliencia, dominio, IEP, información colateral, establecimientos, entrevistas.

e) Establecer una respuesta terapéutica como PEAS y/o respuesta disciplinaria dentro de las guías del código de conducta del estudiante.

Pensamientos finales

Los expertos en el campo de la seguridad online, insisten que los creadores de las políticas, eviten legislar y criminalizar, como un curso de acción el tratar con el cyberbullying. En su libro “Confrontando el Cyberbullying”, Shariff establece: “Me he enfocado en las responsabilidades institucionales de las escuelas para educar a los estudiantes para que se conviertan en una contribución y ciudadanos con una mentalidad cívica. Yo apelo a dejar de lado las medidas legales que ponen a los jóvenes a través de un sistema judicial criminal, además siguiendo la línea de Robert Di Guillio (2001), la verdad es que es frustrante que medicamos y judicializamos a los jóvenes en vez de educarlos y llevarlos por el buen camino” (p26).

El Dr. John Palfrey, presidente de los Estudios Técnicos de Internet, sugiere que la solución no es necesariamente por medidas legislativas que criminalizarían el comportamiento. “Muchas de las respuestas más agresivas al bullying online podrían coartar la Primera Enmienda, en cuanto a sus libertades, y las libertades que los menores tienen y que deben disfrutar como sus padres y profesores”.

Si tomar medidas duras en contra del cyberbullying no es la respuesta inmediata y los programas de prevención no han sido evaluados aún ¿qué opciones tienen los colegios para evitar litigaciones?

Del artículo “Cuando los colegios pueden disciplinar actividades fuera del campus”, Larry Magid cita a Tom Hutton, abogado senior de la Junta Nacional del Colegios. El sugiere que hay un amplio rango disponible para tomar acciones y que están disponibles para el staff, incluyendo confrontar al niño, llamar a los padres, o incluso contactar a los responsables de las redes sociales para ver si ellos tienen alguna solución. Hutton explica que los educadores para asegurarse que los niños saben cuáles son las consecuencias de sus actos online, deben conocer qué puede ocurrir en el futuro. Hechos que pueden ocurrir como problemas potenciales que pueden surgir en búsquedas de Internet para poder entrar a una Universidad o bien para conseguir un empleo. Más aún, la sala de clases es el lugar ideal para discutir los derechos de los estudiantes y además para enseñarles como mantener comunicación online de una forma sana que no afecte los derechos de otros.

La prevención comienza en casa y en la sala de clases, de cualquier modo, los padres y educadores necesitan el apoyo estructural y tecnológico que debe venir de los sostenedores y particularmente de las compañías que están en el negocio de las comunicaciones. Facebook por ejemplo tiene un Standard Comunitario y un staff dedicado a ayudar a los usuarios a solucionar problemas online, en cuanto a abusos y reportes de bullying o de acoso. De cualquier modo, una gran mayoría de las quejas vienen de conflictos que se producen por la falta de civilidad y cordialidad entre usuarios. Para el 2011, Facebook en compañía con los investigadores en el campo de la comunicación y aprendizaje social han comenzado a atacar estos problemas.

El programa de prevención del bullying Zero, que fue diseñado por el Centro de Estudios del Comportamiento de la Universidad de Stavanger Noruega está siendo implementado en la escuela Leslie Middle School de la cuidad de Salem. El programa se destaca ya que en el esfuerzo de combatir el cyberbullying todos los integrantes de la comunidad escolar han hecho importantes esfuerzos para combatir el cyberbullying. Además se ocupa un modelo integral, en donde, se aprovechan las actividades que ya están en el calendario escolar para resaltar la importancia de esta temática. La escuela Leslie Middle School fue destacada por el distrito escolar y es considerada como una escuela modelo.

Este año crearon un proyecto piloto con la asesoría del Centro de Compasión e Investigación del Altruismo de Stanford, para mejorar sus reportes sociales y herramientas para ayudar con las emociones. Por ejemplo, al ofrecer mensajes pre – escritos para ayudar a los usuarios a comunicarse con compasión y respeto. Ellos están en el proceso de mejorar sus reportes sociales basados en la investigación (Safe Kids). Se necesita hacer más en esta área de las comunicaciones sociales. Es el parámetro que la civilidad y la cordialidad deben ser integradas a la discusión de los medios sociales.

La literatura y los medios nos han hecho creer que el bullying es una epidemia social, que los niños están en riesgo y que son vulnerables a todo tipo de influencias viles. Hay una preocupación por la falta de perspectiva de parte de los padres, escuelas y políticos. Los niños tienen un acceso indiscriminado a la información y no tienen la conciencia desarrollada para conocer cómo protegerse de depredadores que andan por Internet. Las diferencias generacionales en el uso de la comunicación y las tecnologías provocan miedo entre adultos, dado que estos dispositivos se vuelven más y más accesibles para los jóvenes, quienes crecieron en un mundo online.

A pesar de que la literatura y los medios claman que el cyberbullying es una epidemia nacional, es importante entender este fenómeno dentro de un contexto más amplio. Por ejemplo, es adecuado decir que la mayoría de los jóvenes no se sienten comprometidos con el acoso online.

Es en el sistema de escuelas públicas donde todos estos temas deben darse a conocer, donde una confluencia de personas creen sus propias normas, valores y se unan para poder crear una meta educativa para los jóvenes. Es ahí donde la tarea social emocional puede tener mayor impacto. Para este propósito las escuelas deben establecer un modelo social normativo de valores basados en el respeto, integridad y civilidad.

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