Casi 2 de cada 3 niños, niñas y adolescentes siguen fuera de las aulas en América Latina y el Caribe

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Foto: ©UNICEF/UN0499537/Potter - El 2 de marzo de 2021, en el municipio de Serrinha, estado nororiental de Rio Grande do Norte, Brasil, Laura Rayssa, de 6 años, en su primer día de regreso a clases presenciales desde el inicio de la pandemia por la COVID-19.

UNICEF insta a los países de la región a intensificar el retorno al aprendizaje presencial.

A un año y medio del inicio de la pandemia, cerca de 86 millones de niños, niñas y adolescentes siguen fuera de las aulas en América Latina y el Caribe, según las últimas estimaciones de UNICEF.

Sin embargo, al menos 47 millones de niños, niñas y adolescentes han reanudado el aprendizaje presencial en toda la región gracias a los recientes esfuerzos de varios países por acelerar la reapertura de las escuelas, ya sea parcial o totalmente.

“Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, dijo Jean Gough, Directora Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe. “La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje. Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”.

La escuela no es sólo un lugar donde los niños, niñas y adolescentes aprenden, sino también un espacio seguro para que interactúen, jueguen y crezcan juntos. Durante la pandemia, América Latina y el Caribe ha tenido más tiempo de cierre ininterrumpido de escuelas que cualquier otra región del mundo. En toda la región se ha perdido una media de 153 días de clase presencial desde que se inició la pandemia. El cierre generalizado de escuelas ha causado la mayor interrupción del aprendizaje en la historia moderna de la región.

  Foto: Pixabay

Los datos más recientes de todo el mundo muestran que las escuelas no están asociadas a un aumento de la transmisión del COVID-19, sino que reflejan el nivel de transmisión en la comunidad. Incluso en los lugares con las tasas más altas de COVID-19, la Organización Mundial de la Salud recomienda considerar todas las opciones para continuar el aprendizaje presencial[1].

UNICEF, junto con UNESCO  y el Programa Mundial de Alimentos, ha elaborado unas directrices regionales para los ministerios de Educación y para los administradores y directores de escuelas con el fin de prevenir la propagación del COVID-19 en la escuela. Para ayudar a mantener la seguridad de los alumnos y los profesores, los gobiernos deben aplicar medidas de prevención, como el distanciamiento físico y el suministro de jabón, agua limpia y, en su caso, equipos de protección.

“Es esperanzador ver que cada día se reabren más escuelas y más niños, niñas, adolescentes, maestros y profesores vuelven a la escuela en América Latina y el Caribe”, dijo Jean Gough. “Cada vez son más los países de la región que demuestran que el aprendizaje presencial es posible; otros deben devolver urgentemente a sus niños, niñas y adolescentes a las aulas. Los riesgos de permanecer fuera de la escuela son demasiado altos, más altos que los riesgos de estar en la escuela. Los niños, niñas y adolescentes de esta región ya han perdido más de un año de escuela. No pueden permitirse perder otro día de aprendizaje presencial”.

Para apoyar la reapertura de las escuelas en América Latina y el Caribe, UNICEF ha colaborado con los países en el desarrollo de estrategias de regreso a la escuela, en la entrega de material educativo y de higiene, y en la prestación de apoyo psicosocial a estudiantes y profesores.

UNICEF insta a los gobiernos a abrir todas las escuelas lo antes posible. Junto con el Banco Mundial y UNESCO, UNICEF hace un llamamiento para:

  • Programas específicos para que todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes vuelvan a la escuela y puedan acceder a servicios adaptados para satisfacer sus necesidades de aprendizaje, salud, bienestar psicosocial y otras necesidades;
  • Programas eficaces para ayudar a los estudiantes a recuperar el aprendizaje perdido;
  • Apoyo a los maestros y profesores para que aborden las pérdidas de aprendizaje e incorporen la tecnología digital a su enseñanza.

Fuente: Unicef.org

 

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