El mito del niño superdotado: por qué no existen

¿Existe el talento innato?

Un nuevo libro cuestiona nuestra obsesión por el coeficiente intelectual y asegura que los adultos podemos ayudar a cualquier niño a convertirse en un genio.

Cuando el 15 de julio Maryam Mirzakhani falleció a los 40 años, sus allegados y colegas de profesión hablaban de ella en los medios como un genio. Desde que comenzó a ganar medallas de oro en las Olimpiadas matemáticas durante su adolescencia en Irán, se ha elogiado su intelecto fuera de lo común, el cual le llevó a ser profesora en la Universidad de Standford desde los 31 y la primera (y, de momento, única) mujer en recibir la prestigiosa medalla Fields, el equivalente en matemáticas a un premio Nobel.

Con semejantes logros, sería fácil asumir que alguien tan excepcional como Mirzakhani debería de haber sido uno de esos niños que sobresalen desde la más tierna infancia. De esos que dicen su primera palabra a los seis meses, que hablan con un vocabulario impropio para su edad o que leen novelas a los cinco años. Sin embargo, si indagamos todavía más en la biografía de la matemática, veremos que lo único realmente extraordinario de su infancia fue haber lidiado con la guerra de su país contra Irak.

Albert Einstein: “La mayoría de la gente dice que el intelecto hace al gran científico. Están equivocados: es el carácter”

Mirzakhani no fue una alumna fuera de lo normal. De hecho, no le interesaban las matemáticas hasta que su hermano le mostró un famoso problema que había descubierto en una revista (en concreto, cómo sumar los números del 1 al 100 en menos de 10 segundos). “Por supuesto, la parte más gratificante en el momento ‘eureka’, la emoción del descubrimiento y el disfrute de entender algo nuevo; esa sensación de estar en la cima de la colina y tener una visión clara. Pero la mayoría de las veces, trabajar en matemáticas es una larga caminata sin una ruta trazada ni un destino a la vista”, aseguró en una entrevista a ‘The Guardian‘. Desde que se topó con la anécdota de Gauss, la curiosidad fue más fuerte que ella y el resto ya es historia.

Al alcance de todos

El ejemplo de Mirzakhani le sirve a las expertas en educación Wendy Berliner y Deborah Eyre en su nuevo libro ‘Great Minds and How to Grow Them‘ (Ed. Routhledge) para argumentar que todos, excepto quizá los discapacitados mentales, podemos alcanzar los estándares asociados a los superdotados. Solo porque no fuiste admitido en la Asociación Española de Egiptología con 11 años, como sí hizo el televisivo niño prodigio Carlos Blanco (hoy un treintañero con tres carreras y dos doctorados), no significa que no puedas alcanzar cotas de lucidez en tu vida adulta.

Las autoras señalan que la infancia ordinaria de la iraní no dista mucho de la de otros “genios” contemporáneos. Hasta el gran paradigma actual de lo que consideramos una persona superdotada, Albert Einstein, no habló hasta los tres años y que ni siquiera pasó el examen de entrada en la Escuela Politécnica de Zúrich (aunque finalmente entró por sus aptitudes en matemáticas y física). Al respecto, el científico escribió: “No es que yo sea inteligente, sino que paso más tiempo con cada problema. La mayoría de la gente dice que el intelecto hace al gran científico. Están equivocados: es el carácter”.

Se les deben enseñar las actitudes y enfoques adecuados, así como desarrollar la curiosidad, la persistencia y el trabajo duro

Berliner y Eyre se basan en una investigación realizada por Lewis Terman, psicólogo educativo estadounidense, realizada en los años 20. En ella se analizaron las vidas de 1.470 californianos que habían sobresalido en las pruebas que determinan el cociente intelectual. Ninguno de ellos llegaron a ser los grandes “genios” que se esperaba que fuesen. Y, para poner la guinda al pastel, dos físicos, Luis Álvarez y William Shockley, que no entraron en el estudio porque su inteligencia no era lo suficientemente alta, llegaron a ganar el premio Nobel.

La práctica produce al experto

Todos, por tanto, podemos alcanzar el estatus de genio. Pero, ¿cómo? Las autoras lo definen como aprendizaje de alto rendimiento, que se debe llevar a cabo tanto en la escuela como en casa: “Se les deben enseñar las actitudes y enfoques adecuados, así como desarrollar atributos como la curiosidad, la persistencia y el trabajo duro”. Si el genio se puede cultivar, la pregunta es obligada: ¿de verdad existe el talento innato?

A Anders Ericsson, profesor y psicólogo de la Florida State Univeristy, le ganaron una partida de ajedrez cuando estaba en el colegio. Lo hizo un chaval que solía ser un negado en el juego. Y, desde entonces, se interesó por los efectos de la práctica en cualquier actividad. Hoy es su área de investigación y está convencido de que los talentos innatos no son la base del rendimiento o el éxito en la vida. La práctica es lo que produce al experto, según concluye en su libro ‘Peak: Secrets from the New Science of Expertise‘. Échale 10.000 horas a algo, lo que sea, y emergerá el talento.

A partir de esta premisa, las autoras han desarrollado un enfoque de aprendizaje de alto rendimiento que pronto será presentado a los colegios de Reino Unido. Pero, matizan que para asegurar el éxito generalizado, sin importar clases ni culturas, el sistema debe ser adoptado también por las familias. Han compartido su método en ‘The Guardian’:

Enséñales a pensar bien

  • Si los niños se atascan en algo, pregúntales: “¿Cómo podrías hacerlo?”, “¿has hecho algo similar antes?”, “¿qué hiciste entonces?”. Esto les ayudará a desarrollar sus propias ideas sobre el aprendizaje y les hará menos proclives a tirar la toalla.
  • Una de las características clave es su capacidad para conectar su pensamiento con el mundo más amplio. Pregúntales: “¿Qué pasaría si los ríos se secasen, si todos ignorásemos la ley o si el sol se apagase?”.

  • Ayúdales a construir su imaginación, vital en este proceso. Por ejemplo, puedes preguntarles cómo pesarían una jirafa, un puente o una estrella.
  • Que desarrollen un pensamiento crítico. Pregúntales: “¿Por qué crees que… los bebés lloran? La capacidad para deducir, plantear hipótesis, razonar y buscar evidencias es probablemente la característica más asociada al éxito académico.
  • Ayúdales a controlar sus progresos. Cuestiónales sobre qué necesitan para hacer algo o cómo pueden saber si lo están haciendo bien.

Enséñales a comportarse bien

  • Confianza intelectual. Si un niño dice que no es bueno en algo, respóndele: “Sé que puedes. Sé que es difícil de hacer ahora, pero sé que puedes aprender a hacerlo si trabajas en ello”.
  • Para que tu hijo o alumno tenga la mente abierta, empieza por ti mismo, sé su ejemplo.
  • Curiosidad. Los niños hacen muchas preguntas si las sueles responder. El deseo de saber más, la curiosidad, es el comienzo de todo aprendizaje. Cuanto más curiosos sean por los porqués y los cómos, mejor les irá en el colegio y en la vida.
  • Practicar es la única manera de ser bueno en algo. Asegúrate de que el niño sea regular, que lo quiera hacer y que siempre intente mejorar.
  • Perseverancia, el comportamiento más importante. Es importante que entiendan qué pasaría si nadie perseverara en su trabajo o en su vida diaria.

Fuente:www.elconfidencial.com

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