Al hablar de diversidad hacemos referencia a una característica de la conducta y condición humana que se manifiesta en el comportamiento y modo de vida de los personas, así como en sus modos y maneras de pensar, circunstancia que se da en todos los niveles de la vida y en todas las situaciones; aun sin dejar de tener presente que cada persona presenta una estabilidad en su conducta que le da coherencia a su actuación personal a nivel de la externalización y del desarrollo interno personal.
Esta diversidad tiene amplia repercusión en las aulas, puesto que en ese escenario educativo se dan de forma continua y permanente manifestaciones de la diversidad de los alumnos que las conforman.
Cualquier profesional de la educación, que se aproxime a los alumnos en las aulas de los centros educativos, captará rápidamente la existencia y coexistencia de esta diversidad; que tiene su origen en factores diversos, derivados de factores sociales, económicos, culturales, geográficos, étnicos y religiosos; así como de las diferentes capacidades intelectuales, psíquicas, sensorio-motoras y del rol sexual de los personas. Si bien estas diferencias han existido siempre, no han sido tenidas en cuenta de igual forma y en todo momento por el sistema educativo vigente en cada época y por los maestros y/o profesores que impartían enseñanzas en cada momento. La escuela aun reconociendo la existencia de la diversidad, ha llevado a la práctica un tratamiento educativo más o menos homogeneizante en aras de una supuesta efectividad y/o rentabilidad de recursos.
UN SER ÚNICO Y SINGULAR
Volviendo a la esencia de lo planteado, a pesar de las semejanzas entre los miles de millones no hay dos seres humanos que sean idénticos en todo. Sí, por supuesto, hay rasgos semejantes que se multiplican, se expresan de la misma manera, pero siempre queda ese sustrato producto de las innumerables combinaciones de la libertad humana que inclina a las personas y sociedades a encaminar rumbos distintos y por lo tanto a adquirir características diferentes.
Aún está lejos de la realidad pensarse como una "persona multicopiado o clonado" de una especie determinada, y esto a pesar de los anuncios sorprendentes sobre clonación animal y de los indicios de clonación de órganos humanos.
Cada ser humano tiene una manera rigurosamente singular de ser persona; es único, diferente, inconfundible, no sustituible. Es "singular" en el conjunto del universo, cada uno es un yo irrepetible, que no fue y no volverá a ser como es ahora. Cada uno es igual a sí mismo y nada más. "Yo soy yo, y no puedo ser habitado por ningún otro..."