Una falta de serotonina en el cerebro se ha asociado con muchas disfunciones, depresión, ansiedad, comportamientos compulsivos, problema alimentarios, migrañas, mayor sensibilidad a los dolores. Por otra parte un aumento de éste componente ha demostrado la disminución de síntomas depresivos. Estudios en los últimos años demuestran que el aumento de serotonina en los circuitos nerviosos promueve una sensación de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración. El triptófano es un precursor de la serotonina y de todos los aminoácidos es el que se halla en menor cantidad en la dieta, ya sea ésta completa o vegetariana.
Hay 22 aminoácidos esenciales, de los cuales 8 son indispensables, entre ellos el triptófano que el cuerpo no lo puede producir y se debe obtener a través de la dieta.
Este aminoácido se encuentra en el pavo, pollo, leche, queso, pescado, huevos, tofu, soya, semillas de ajonjolí y de calabaza, nueces, maní y mantequilla de maní. serotonina establece un balance con otros conocidos neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, que están asociados con el miedo, la angustia, ansiedad, violencia, problemas alimenticios (sobre todo la obesidad y la compulsión para comer dulces) y trastornos del sueño.
La carne, el pollo y el pescado proveen de tirosina y fenilalanina, sustancias esenciales para la síntesis de la NORADRENALINA y DOPAMINA, que posibilitan el desarrollo de los circuitos cerebrales que intervienen en la memoria, la concentración el aprendizaje y la creatividad.
LA NUTRICIÓN Y EL DESARROLLO CEREBRAL
Por: Crispin Galarza
Miembro Colaborador de REDEM en Perú
A pesar de que el cerebro sólo representa el 2-3% del peso corporal total, es responsable del consumo del 20% de la energía que extraemos de los alimentos. Su funcionamiento requiere tan sólo de oxígeno y de glucosa, sin embargo, son necesarios otros nutrientes para el desarrollo de sus funciones como; la memoria, la concentración, el pensamiento, que tienen su sede en el cerebro.
Una alimentación desequilibrada puede producir carencias específicas de vitaminas o minerales que se manifiestan mediante síntomas o sensaciones como apatía, desgano, irritabilidad, nerviosismo, cansancio, falta de atención, fallos de memoria, de concentración e incluso depresión.
El cerebro funciona a través de una intrincada maraña de neuronas o células nerviosas que se interconectan entre sí mediante sustancias químicas, cuya función es la de transmitir mensajes de una célula nerviosa a otra.
La conexión a través de sustancias químicas, ocurre en todo el cerebro. Y se establecen tanto para realizar una actividad simple como estirar una mano como para las funciones más complejas de la mente: memorizar, concentrarse, en el desarrollo de las capacidades de análisis, de abstracción, de aprendizaje e integración del pensamiento. Todo depende de la capacidad que tenemos de producir estas sustancias también llamadas neurotransmisoras o transmisores del impulso neuronal.
En los primeros años de vida de un niño las neuronas necesitan alimentos ricos en proteínas-provenientes de la carne, pollo, pescado, leche y derivados, para poder elaborar las sustancias neurotransmisoras que interconectan a las neuronas entre sí, y estructurar y poner en funcionamiento las interconexiones neuronales necesarias para el desarrollo de las habilidades mentales.
Ciertos componentes de los alimentos desempeñan una labor específica en el funcionamiento del cerebro y de las neuronas. Los lácteos aportan una sustancia denominada Triptófano cuya escasez produce la falta de síntesis de un neurotransmisor denominado SEROTONINA, y fallan los circuitos que requieren de esta sustancia.
Serotonina, un neurotransmisor que produce en el organismo efectos calmantes e inductores del sueño. Por este motivo, se recomienda el consumo de leche antes de acostarse para ayudar a combatir el insomnio y los estados de ansiedad .Si se la toma azucarada, el efecto es aún mayor, ya que el azúcar favorece también la liberación de serotonina.