La época de semana santa es muy atractiva para niños, jóvenes, y adultos en general y es que justo se presentan como la salvación al esfuerzo del inicio de año, esos días de reflexión - diversión.
En algunas instituciones se toma un receso de 10 días, desde el viernes antes de domingo de ramos, hasta un día después del domingo de resurrección, justificándose con el cansancio, otros, mucho más consientes, hacen su receso de Miércoles, Jueves y Viernes Santo, además de los fines de semana pertinentes.
Luego de iniciar una labor docente que en la primera etapa del año consiste en reconocimiento de los estudiantes por algo más de dos meses, no podemos negar que este receso forzado hace que el grupo decaiga, así que imaginemos a los chicos en este momento en clase luego de 10 días de divertidas vacaciones.
Pero lo curioso del tema no es que lleguen más cansados, afectados por quemaduras de sol, picaduras de mosquitos, una que otra infección por la comida o algún virus.
Lo curioso es: que un 80% de la población de edad escolar NO tiene ni la menor idea del porque se tienen vacaciones en esta época.
Y es muy lógico, si como educadores no tenemos eso en nuestros programas, porque se respeta la religión y culto de cada individuo "según las políticas establecidas".
En mi época, las educadoras religiosas con las que estudie, nos hacían aprender el proceso completo de lo ocurrido en Semana Santa días antes de salir, dejando varias tareas para poder aprovechar este receso y además debíamos aprender todo lo visto en los días feriados en iglesias y procesiones, y en cierta forma no éramos felices en esa labor.
Pero nunca pensé llegar al extremo opuesto, porque si bien las religiosas me inculcaron el "valor de la Semana Santa" a eso le agregaron muchas horas en reforzar los "valores", elemento indispensable de cada persona para poder vivir en familia y en sociedad.
Y estoy segura hoy como una mujer adulta que fue lo mejor que pude recibir en mi educación, y lo agradeceré por siempre por que ha contribuido en mi felicidad y en la de mi familia.
Hoy día, es normal que desde el momento que sabemos que llega la Semana Santa, ya se tienen planes hechos acerca del lugar de recreación, el grupo de amigos para compartir, el licor a consumir, la comida a preparar, así como dónde, como y quien la preparará, días de perdición sin control, etc.
No es secreto, que con las nuevas propuestas de la libertad de culto, perdimos épocas de formación, épocas de riqueza espiritual, épocas de valores y sobretodo de respeto entre nuestros semejantes.
Parece que el duro calvario recorrido por el señor se ha convertido en el calvario de las familias los jueves y viernes Santos en especial, al ver a sus hijos e hijas embriagados y causando escándalos públicos en cualquier establecimiento, esquina, plaza o playa y llamando la atención de cuanta persona quiere recrearse.
Y eso sin hablar de los cientos de muertos y heridos en estas fechas, que por riñas, accidentes y demás que se presentan por el desborde de celebración sin control, demostrando total desconocimiento del motivo de la fiesta.
Felicito a los que promueven programas de formación en valores, felicito a las iglesias e instituciones, que en estos días invitan a realizar la Pascua Joven, y así con juegos sanos, retiros, integración, atraen a la mayor cantidad de gente para que no caigan en celebraciones inadecuadas.
Pero sobretodo, felicito a los Padres que no sienten vergüenza de sentarse con sus hijos a explicarles que Semana Santa se disfruta gracias a que alguien muy importante murió en la cruz.