Casi siempre, vemos, escuchamos o leemos sobre actos de violencia, contra la mujer o contra el niño. Pero no nos percatamos que este hecho esta mas cerca de lo que pensamos. Los niños que son personitas en desarrollo son los más vulnerables a toda reacción violenta, cuando un adulto o padre ejercen maltrato o violencia hacia un niño, están arriesgando su desarrollo emocional y los efectos que producen a corto y a largo plazo. Los niños tienen menos recursos para defenderse que un adulto. En este sentido el riesgo sería mayor porque se trata de una persona en desarrollo.
La violencia se repite
Padres que fueron maltratados en la propia infancia repiten los modelos de maltrato (56.7% del total de casos), al intervenir patrones de violencia se ve repetición de los modelos de crianza familiares con diferentes tipos de castigo administrado a sus hijos, pero no ocurre de este modo necesariamente. Para esto habría que pensar las maneras de relacionarse subjetiva de las personas involucradas frente a la fantasía típica infantil de que un niño es pegado por un adulto, y las múltiples maneras de desarrollo posterior.
También cabe considerar que muchos padres perciben como justos los castigos implementados, o perciben la desproporción del castigo ofrecido con la supuesta falta cometida pero se justifica de alguna manera (por la pobreza, por los nervios, etc.). Es considerable que los mismos adultos golpeadores suelen manifestar y percibir que han golpeado a sus hijos en muchas menos ocasiones de lo que realmente lo hacen.
Si bien algunos de los adultos golpeadores suelen manifestar algún afecto posterior como arrepentimiento o lástima, en muchos casos se trata de padres que están a favor del castigo como medida disciplinaria y educativa. El castigo recibido por los adultos en la infancia suele guardar relación con el tipo de castigos físicos que se emplean para "corregir" a los hijos. Por lo general uno de los niños a cargo es más castigado.
La violencia no es sólo aquella que causa daño físico y hasta en ocasiones puede quitar la vida de una persona. Existe otra violencia que no se ve y es la violencia emocional o psicológica que va destruyendo a la persona, dejando consecuencias graves tanto para la víctima como para el agresor.
La realidad nos muestra que son las mujeres y los niños las víctimas más frecuentes del abuso de poder que "muchos hombres" ejercen en sus casas contra estas personas, lo que se origina en una "supuesta" superioridad masculina sobre las mujeres. Lo anteriormente señalado, no impide, sin embargo, que existan actos de violencia familiar protagonizados por mujeres, ya sea respecto a sus esposos e hijos, o de hijos respecto a sus padres.
Si vemos actos de esta naturaleza es necesario denunciarlos porque para una mujer o niño maltratado muchas veces se les es difícil salir de esta situación, y se vuelve un círculo vicioso ya que los niños en un futuro serán personas violentas en potencia, ya que descargaran todas sus frustraciones e iras y cargas emocionales adquiridas durante su infancia y las desataran en hijos, esposos, parejas, padres y en cualquier persona que crean vulnerable.