En octubre de este año, los peruanos volveremos una vez más a elegir a nuestras autoridades municipales y regionales con la esperanza de que al hacerlo en esta oportunidad, elijamos a las personas más idóneas, con capacidad para innovar la gestión gubernamental que beneficie y mejore la calidad de vida de los ciudadanos. Sin embargo, la historia nos demuestra que los peruanos no sabemos elegir, y en otras ocasiones nuestro voto está parcializado por intereses individuales, que favorecen a grupos minoritarios, en detrimento de las necesidades y esperanzas del pueblo.
Pero, ¿por qué ocurre esto?, sencillamente porque el alma de un pueblo, es el reflejo de su cultura y educación. Lamentablemente la educación en nuestro país, vive una verdadera crisis, reflejada en los pobres resultados que obtienen nuestros alumnos de las escuelas públicas y privadas en las evaluaciones estandarizadas a nivel internacional. Es decir, tenemos un sistema educativo deficiente en varios aspectos que no asegura ni siquiera el desarrollo de las capacidades fundamentales (pensamiento creativo, pensamiento crítico, toma de decisiones y solución de problemas) que debe poseer hoy el egresado de la escuela y futuro ciudadano, ‘elector’ del país.
En otras palabras, no hay un trabajo consciente, sistematizado e institucionalizado que garantice por ejemplo: la formación de una conciencia ciudadana - con sólidos principios democráticos - , que optimice la capacidad de los alumnos para discernir y juzgar la realidad a partir de la lectura, no sólo como una práctica de recreación, sino como un hábito intelectual que les permita comprender la problemática de la sociedad, no solo para contemplarla sino para que asuman una actitud reflexiva y crítica de la situación actual en la que vivimos.
Necesitamos por lo tanto que la escuela, a través de los maestros recupere ciertas prácticas educativas como la lectura de textos referenciales de las ciencias y humanidades, así como sobre la realidad peruana, que ayuden a desarrollar en los estudiantes los procesos mentales para el análisis y la capacidad para que estos argumenten sus ideas con propiedad, ya sea en forma oral o escrita. Ahora, fomentar la lectura no es responsabilidad exclusiva de la escuela, sino de todas las instituciones organizadas públicas y privadas de la sociedad, incluyendo dentro sus programas de trabajo, actividades que promuevan el hábito por la lectura, esto no es una utopía. Ya en otros países, es una realidad, porque entendieron que la formación de la persona, va más allá de la instrucción y la mera transmisión de conocimientos.
Qué oportunas resultan en este momento las palabras del maestro universitario, Luis Jaime Cisneros, al referirse sobre la importancia de la lectura en la vida del ser humano: “La lectura desarrolla la capacidad de juicio, de análisis, de espíritu crítico. Las lecturas nos hacen más libres. Por ello, aprender a leer es aprender a descubrir el sentido verdadero de lo que el texto dice, es decir comprender, y comprender es condición indispensable para discrepar y polemizar”. Si queremos que las cosas cambien en nuestro país y no se vuelvan a repetir los mismos errores del pasado, entonces empecemos por asegurar desde la escuela, una mejor calidad educativa para todos los peruanos, sobre todo en aquellos grupos sociales históricamente olvidados. Desde aquí exhorto, a las agrupaciones políticas y candidatos que participen en las próximas elecciones, asumir un compromiso serio y no demagógico con la educación y con el pueblo.