Introducción
No hay ningún ámbito de nuestro ser que provoque sentimientos más variados que el de la sexualidad Así dicen quienes han estudiado incansablemente esta intrincada y a la vez maravillosa dimensión del ser humano.
¨El término “sexualidad” se refiere a una dimensión fundamental de ser un Ser Humano. Basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva, el amor, y la reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, cerebro-mentales, sicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales. Si bien la sexualidad puede abarcar todos estos aspectos, no es necesario que se experimenten ni se expresen todos. Sin embargo, en resumen, podemos decir que la sexualidad se experiencia y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos¨. (1)
Una vez aclarado que lo sexual va más allá de las cuestiones biológicas y que está influenciado por los condicionantes culturales de la sociedad en la que se realiza, estableceremos la diferencia entre dos términos que se confunden con frecuencia: sexualidad y genitalidad. Este último, técnico y poco extendido, hace referencia a lo concerniente al acto sexual, sus formas, estilos, prefacios, epílogos, etc. La genitalidad es sólo una forma de sexualidad.
Asociada ancestralmente a lo divino, la sexualidad ha pasado por innumerables etapas de desarrollo en las diversas culturas y las distintas épocas. Desde la divinización del amor encarnada por Afrodita y Venus hasta la extrema represión sexual del catolicismo medieval, todos los matices pueden ser registrados.
Hubo culturas que repudiaron a la mujer que no podía engendrar. Otras vieron en ella el objeto del pecado. Unos pueblos guardan rigurosamente la castidad hasta el momento del matrimonio, y otros permiten a sus varones tener más de una mujer -a veces cientos- como esposas.
Los griegos aceptaban tanto el amor erótico con sus mujeres como con sus mancebos, jóvenes a los cuales dedicaban cariño y devoción, mientras que el aspecto procreativo de la sexualidad quedaba celosamente guardado en el hogar. Otras culturas condenaron la homosexualidad como una terrible desviación, motivo de pena de muerte para quienes la practicaban.
Hubo culturas que reservaron el privilegio del sacerdocio a personas vírgenes, y otras, como el tantrismo, que encontraron en la unión sexual una vía de comunión con lo divino.