Reflexiones para un Cambio Cultural Sobre la Infancia y Una Educación Para La Vida
El mejor indicador de calidad de vida de todas comunidades humanas, es la calidad de vida de sus niños; si ellos están bien... todos estamos bien.
La infancia es el período de la vida de las personas en la cual somos totalmente dependientes de las condiciones que nos frece el mundo adulto que nos toca vivir. Si bien como niños y niñas cooperamos a modelar la realidad que vivimos, son las decisiones de los adultos, sus recursos, creencias y todos los modos de perfilar los diversos entonos que sirven de escenario a cada comunidad, lo que determina la calidad de vida de esta etapa de la vida de las personas llamada infancia, es desde esta perspectiva que la calidad de vida de la infancia el más claro indicador de la calidad de vida de todas las comunidades humanas y de quienes las integran, independientemente de su ubicación geográfica o pertenencia cultura.
La infancia un camino al borde del olvido
Hemos heredado una versión ambigua de nuestro paso por el tiempo, donde cada generación de adultos pareciera no tener un historia compartida, pertinente y común a todos, desde donde reconocernos en una identidad fundamental, basada en el hecho que una vez, cada uno de nosotros, fuimos parte de la infancia; niños y niñas de un país cuyos caminos, barrios y paisajes han conocido de amor y de odio, de miedo y esperanzas junto a los adultos que moldearon realidades y donde siempre la infancia ha estado presente.
La infancia; la vida al comienzo de la vida.
En América Latina la infancia y la adolescencia conviven en dos categorías; "los niños" y "los menores". En una parte de nuestra realidad los niños y en la otra aquellos que la vida que les ha robado la infancia convirtiéndolos en "menores", por lo tanto en víctimas inocentes del abandono, de la violencia, de la pobreza y del abuso en cualquiera de todas sus formas.
Hace algún tiempo, en un "hogar de menores", conversaba con un niño de 8 años interno en una institución vinculada al Servicio Nacional de Menores... Al preguntarle si conocía los Derechos de los Niños, me respondió... "Sí, los de ellos, sí".
Nuestra forma habitual de reconocer la infancia nos hace identificar a los niños centralmente por sus carencias y debilidades. De este modo la infancia es así reconocida; un niño, un alguien a quien siempre le falta algo. Mirado de esta manera un niño pertenece a una categoría de personas cuyas faltas o carencias le otorgan su identidad social, para sobrevivir son dependientes del mundo adultos que le toca vivir los niños, de este modo ellos deben obedecer porque no pueden decidir, no tienen poder económico, ni militar, ni político .