Ser educador de los niños, niñas y adolescentes nos exige revisar nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes, significando ello, "mirarse a sí mismo" críticamente. Es necesario estar dispuestos a cambiar en nosotros, aquellos aspectos que hemos ido asimilando en el propio proceso de formación y que se convierten en obstáculos para conseguir la meta que nos proponemos, y poder guiarles de manera acertada, adecuada y que facilite su aprendizaje.
En pedagogía existen diversos teorías con valiosos aportes, pero si en la aplicación de éstas, en la práctica, se ponen en juego métodos ricos en promover la creatividad, expresión, comunicación y relaciones basadas en el afecto, entre los sujetos involucrados en las situaciones de aprendizaje, impidiendo lograr los objetivos y metas trazadas.
1. Para educar a los Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (NNAT's) es fundamental partir de la REALIDAD, esto implica conocer las condiciones y calidad de vida de ésta población, sus necesidades, intereses, características y problemas más personales y cotidianos. Conocer por ejemplo.
- Su nivel de autonomía o dependencia.
- Su comportamiento solidario o individualista.
- Los sentimientos de rechazo o aceptación que desarrolla hacia sí mismo
- El estado en que se encuentra su autoestima.
- Descubrir sus potencialidades y cómo éstas se ponen en juego en la solución de problemas.
Aspectos de su personalidad, que se construye en la relación con su entorno más próximo (la familia, la escuela o la sociedad)
Para el educador debe estar claro que los NNAT's conocen el mundo en que viven, muchas veces mejor que los adultos que los acompañan; ya que estos conocimientos son incorporados y aprendidos por ellos a través de sus experiencias y vivencias directas.
2. Promover la conducta participativa, es propiciar que los NNAT's construyan su propio conocimiento y que no lo reciban pasivamente, ello implica que el aprendizaje debe partir de su experiencia directa.
De igual manera, el educador debe posibilitar que el niño, niña y el adolescente trabajador descubra que esta participación es individual como grupal y que es justamente está última, es la que propicia el interaprendizaje; es decir, el compartir experiencias y conocimientos, contrastarlos, opinar y concluir sobre ellos.
Y para que este proceso de aprendizaje sea exitoso, es necesario que el educador cumpla con su rol de facilitador.
3. LA COMUNICACIÓN HORIZONTAL. Es otro aspecto fundamental para poder educar de manera adecuada.
Para que exista una comunicación horizontal es necesario que el educador genere las condiciones que permita a los niños expresarse con libertad, sin temor a la censura, que desarrolle su capacidad de opinión, que se reconozca como un sujeto de Derechos y que con ello se fortalezca como una persona digna y aprenda a vivir en democracia.
4. PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN. Son los otros aspectos que no debemos dejar de vincular en el trabajo con los niños, niñas y adolescentes trabajadores; es decir, no basta sólo fortalecer al niño, ya que no podemos perder de vista, que ellos se desarrollan en un entorno que tiende a vulnerar fácilmente la protección de la que son objeto.
Por ello se hacen necesarios, espacios, que no sólo coadyuven en el esfuerzo que otras instituciones realizan para contribuir al desarrollo integral del niño, niña y adolescente trabajador, sino también que sean capaces de proteger y defender sus derechos.
5. Otro de los aspectos fundamentales, es la AFECTIVIDAD, componente importante tanto en el diagnóstico como en la actitud del educador, que debe ser parte integrante en su método de trabajo. Ello posibilita en los niños el aprendizaje de valores.
Como educadores debemos estar atentos a las reacciones y sentimientos de los niños, niñas y adolescentes trabajadores frente a nlo que nuestras palabras, gestos y actitudes les producen. Y debemos desarrollar la capacidad para reflexionar sobre lo que puede hacer el educador para mejorar en relación a ello y promover cambios.
Los educadores constituyen el espejo en el que se ven los NNAT's. Está claro en nosotros que para educar no basta un texto, un programa o el conocimiento que tenga el educador. Para ser educador se requiere de una personalidad capaz de establecer una buena relación con ellos. Se requiere no sólo transmitir conocimiento, sino también valores, ético, moral y autoestima, sobre todo la afectividad.