BOLETÍN  REDEM
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15 de Agosto del 2009
LA FASCINACION Y LA OBEDIENCIA


Buscando una explicación más certera que la que diera Ortega y Gasset para hablar de la abolición de la voluntad ante un líder demandante, vemos la fascinación de las masas ante un ídolo pop y la incuestionabilidad de su lugar como estrella.  Este no es sujeto de crítica, ni de desdén, aniquila cualquier duda, motivo o barrera para acudir al espectáculo, es testigo de la incondicionalidad de sus fans, y del paroxismo comunitario.  Nada que ver con el señor feudal que atemorizó, sometió y fue odiado en el siglo curiosamente anterior al siglo de los descubrimientos.  Ese se vale de la fuerza y la obediencia de sus lacayos para someter a la multitud, son su extensión, sus brazos y sus piernas.  ¿Pero de que se vale el ídolo si los fans no llegan por la fuerza sino por la fascinación?  ¿Es el físico, el tema de las canciones, un conjunto de símbolos condensados por el más hábil publicista? ¿Y como impacta el entorno en que se da esta nueva fascinación de las masas?

Sabido es que los temas sexuales y sexualizados son fuertes captores de la atención y sometimiento, llegando a abolir la capacidad de actuar de manera independiente y la toma de decisiones, cuando es el ambiente en que se mueve la persona.  Una conducta como el dormir en la cama de los padres ya es considerada agresión hacia los hijos en algunos países, en otros acostumbran apilarse en colchones en la única habitación con que cuentan.  La copla, el albur, el piropo contienen imaginarios y significados reales que no pueden ser contenidos y necesitan exhibirse.

Eventos menos expuestos como las relaciones en la empresa, la competencia en las instituciones, tienen menos claros los límites entre la fascinación y la obediencia.    La dinámica de los grupos de Maisonneuve se refiere a grupos interdependientes, donde cada uno porta normas, recursos, acciones y el juego de deseos y defensas le dan la característica de tender a resolver tensiones buscando un equilibrio deseable.  El grupo puede ser un fin y puede ser un medio, donde se dan los sentimientos en uno y en el otro el trabajo.  En este siglo pasado se hablaba de integrantes y desviantes en el grupo, y los últimos eran marginados y a la postre expulsados porque compromenten la tendencia a la inercia y la resistencia al cambio de los grupos.  Desde la psicología, el desviante activaba defensas a menudo inconscientes no necesariamente relacionadas con el conformismo.

En el momento actual, el siglo de la globalización, la búsqueda es hacia una convivencia democrática, donde las ideologías se comparten pero a la vez se discuten con transparencia, en un medio de aceptación y cordialidad donde los grupos negocian de manera informada y con poder de decisión.  No se trata de que solo unos cuantos tengan poder de decisión y los otros obedezcan, se trata de consensuar, dialogar, investigar, aportar, y dejar fluir las eventualidades del liderazgo sea para el logro de objetivos, sea para crear o innovar.  Es una organización horizontal y no excesivamente jerarquizada por miedo a las propias limitaciones, porque no se es un ídolo o un señor feudal, porque no se tiene capacidad de construcción en base a las aportaciones del grupo, porque no se han dominado las normas de la convivencia pacífica y plural.  No es centralizada, no se espera que un solo moderador contenga todas las características y todos los roles necesarios para avanzar y desarrollarse; se delega y se acepta la diferencia, pero sobre todo se dialoga.

En ciencias sociales el profesionista debe tener la capacidad de comunicar la idea o información en un nivel en que el otro pueda entender, independientemente del nivel de conocimiento, estatus, medio, contexto o cultura.  Va a hablar con el otro en su mismo plano siempre que su actividad sea una de interacción, ya se trate de un investigador y su sujeto, un ejecutivo y su subordinado, un maestro y su alumno.  Sin embargo aún persisten grupos cuya expectativa es un profesionista superior hasta para dar la mano.

Actualmente, en muchas ocasiones predomina la idea de un líder o de un moderador del grupo de discusión que se ha habilitado en teorías anteriores a la de la negociación, como fue en su tiempo en la esfera política el cubrir los errores de alguno de los miembros, lo que se conoce como la cultura del disimulo.  La negociación exige la verdad y la mejor argumentación.  Una que está informada, fundamentada, que demuestra los escenarios probables una vez que se aplica; y donde los participantes llegan con una postura y un plus que es el área en que están dispuestos a negociar en un primer momento.  Así se logra el win-win.  No es para que lo otorgue una persona magnánima que le deja algo de ganar al otro, y que deja ver que persigue una ventaja; es el que se negocia con conceptos aglutinadores, considerando sus implicaciones, costos, beneficios y el impacto en el medio humano y físico en que se aplica.

¿Cual es el sitio para el subordinado obediente en el esquema de la democracia?  No se confunda con solidaridad en la búsqueda de un bien común, porque no tiene ninguna relación.  Solo que trabajar con sujetos con suficiente capacidad para pensar las cosas un poco pero no tanta como para cuestionar al jefe es más cómodo aunque también, a lo largo, es limitante del desarrollo.  Así que, ¿cuándo buscar la fascinación, la obediencia o la negociación?  En la medida en que cada vez mas personas sean críticas y estén informadas se hará menos probable encontrar las dos primeras; y se hace posible el crecimiento y el desarrollo de los grupos en la comunidad, la escuela o la organización.



Beatriz A. Romero Noyola
UABC Mexicali, Mexico



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   Por: Beatriz Romero Noyola  
            Colaboradora REDEM en México