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15 de Marzo del 2009
Cómo enfrentar la crisis del agro: ¿Lamentando los problemas insolubles o resolviendo los problemas solucionables?
   Por: Polan Lacki  
            Colaborador REDEM en Brasil  
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En la economía las soluciones rinden más que los problemas; en la política, los problemas valen mucho más que las soluciones - Nikolai Bukharin (1888-1938) - economista y político soviético.
En base a esta reflexión de Bukharin, pareciera que en la agricultura latinoamericana deberíamos dedicarnos mucho más a la economía que a la política. Deberíamos descartar de plano aquellas seudo-soluciones utópicas que apenas contribuyen a confundir a los agricultores y a perpetuar los problemas del agro. Porque el agobiado sector rural está exigiendo soluciones de verdad y que sean más perdurables en el tiempo; es decir aquellas que, gracias a su factibilidad y realismo, puedan efectivamente ser llevadas a la práctica, por más adversas que sean las actuales condiciones de los productores rurales y de sus respectivos gobiernos.

De poco sirve seguir afirmando a los agricultores que sus dificultades deberán ser resueltas p or el estado a través de créditos abundantes y baratos, de la adquisición, refinanciación o condonación de sus deudas, de la concesión de subsidios internos, del aumento del valor del dólar, de la reducción de los impuestos y de los peajes, de la protección contra la importación de alimentos, etc.; y que además nuestros gobiernos deberán exigir la eliminación de las barreras externas y de los subsidios con los cuales los países ricos protegen a sus agricultores.
Por más deseadas y atractivas que sean, en el corto y mediano plazo estas propuestas no serán llevadas a la práctica; entre otras razones porque los endeudados y debilitados gobiernos de los países latinoamericanos, aunque quisiesen no reunirían las condiciones económicas ni políticas para adoptarlas. En el plano interno, por insuficiencia de recursos para mantener en el tiempo estos mecanismos "perpetuadores" de dependencias; y en plano externo por no tener la fortaleza política para impedir que los países desarrollados continúen subsidiando y protegiendo a sus agricultores.

La adopción de estas medidas es tan improbable que no vale la pena perder tiempo con utopías que suelen ser inspiradas en la ingenuidad o, peor aún, en repudiables propós itos demagógico-electorales. Además de lo anterior, no es esta la principal causa de la crisis del sector agropecuario, sino que las distorsiones descritas a continuación, las que con humildad deberemos reconocer y con competencia deberemos eliminar.
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