La Educación es un esfuerzo constante de adaptación al mundo moderno, a las nuevas necesidades de la sociedad y a las nuevas posibilidades de los educandos. Por ello, hay necesidad de nuevas metodologías, nuevas destrezas, nuevas actitudes y nuevos valores necesarios para vivir en un mundo en constante cambio (Capella Riera y Sánchez Moreno, 1999:20).
Nos encontramos ante la necesidad de plantearnos cómo transformar la enseñanza para adaptar el aprendizaje a los cambios, y mejorar el rendimiento de los alumnos. Esta tarea exige diferentes maneras de organizar la secuencia, acciones u operaciones en el aula, a fin de que el trabajo del docente sea eficiente y beneficioso (Suárez Guerrero, 2004:7). Es decir, se trata de formular propuestas de enseñar y aprender, que estén centradas en la capacidad de pensar, razonar, preguntar, imaginar y proponer.
El docente está permanentemente buscando propuestas para mejorar el aprendizaje de los educandos, y teniendo en cuenta que el relato es parte de nuestra vida cotidiana y convertido en el aula en el elemento que permite explicar, ampliar o analizar un tema, y tiene aceptación en autores, editores, oyentes y lectores, entonces debemos utilizarlo en las sesiones de aprendizaje a fin de lograr un rendimiento académico favorable; teniendo en cuenta además que mejorar el rendimiento académico de los educandos constituye objeto de general inquietud de profesores, padres de familia y de la sociedad, porque ello sería la expresión de que el proceso de aprendizaje está cambiando, hecho que permitirá mejorar la calidad educativa en nuestro país, donde la educación ha comenzado a ser un tema crucial en la agenda pública.
Los relatos orales entretienen, comunican y permiten un aprendizaje permanente y duradero; provocan la atención de niños y adultos y la comprensión de conceptos abstractos; permiten utilizar la fantasía de los niños y adultos, su creatividad e imaginación, a la vez que los potencia; y son una fuente de conocimiento, de goce estético, de placer intelectual y de utilidad inmediata.
No debemos olvidar que los seres humanos siempre han sido contadores de cuentos; han formado a las generaciones más jóvenes con historias conservadas en su memoria, ya fueran personales, familiares, del clan o de la sociedad más amplia, y se han entretenido al amor de la lumbre con diversos tipos de relatos. Escuchar y contar son necesidades primarias del ser humano. El hombre es por naturaleza contador y receptor de historias. La narración es en todas partes un género muy importante del arte verbal, que aparece regularmente desde las culturas orales primarias, hasta el avanzado conocimiento de la escritura y el procesamiento electrónico de la información (Ong, 1994:137).
A través de las fábulas, los relatos históricos, los cuentos de hadas, los poemas épicos, las leyendas y los mitos, los pueblos han seleccionado intuitivamente recursos extraordinarios, apropiados para ayudar a la persona cuando ésta se tenga que enfrentar a muy diversos problemas (Dufour, 1993: 11). Esta función social sigue viva: en la actualidad se practica tanto en la escuela, bien de manera oral bien a través de la literatura infantil -que ha recogido por escrito y en distintas versiones los cuentos tradicionales de todo el mundo-, bien en las familias o comunidades, siempre que una persona mayor cuente una historia relacionada con la familia o un hecho histórico vivido personalmente y matizado por su experiencia.
Todos tenemos necesidad de oír relatos y de referirnos a ellos, no sólo para divertirnos, sino también para captar lo que tiene que decirnos, pues toda historia, cuento o relato nos habla de nosotros, de los demás y de nuestras relaciones con ellos. Por ejemplo, en las instituciones públicas y privadas, en las empresas en general, hay interés por tener personal competitivo, por lo tanto, en los últimos años se ha desatado una atención a los textos de autoestima, marketing y liderazgo. Un ejemplo es considerar la sabiduría empresarial a partir de los cuentos clásicos de Hans Christian Andersen (Norgaard,2006). En los textos en mención, y en todos los cursos de capacitación y actualización, la narración de historias se convierte en un círculo virtuoso no sólo porque sirve para instruir a los nuevos empleados, sino porque al narrar sus historias los narradores están fijando cierta posición a una altura que tendrán que conservar en el futuro (Jennings y Haughton, :246-250).
El relato oral en la educación es un vehículo excelente para despertar la mentalidad, impartir instrucción moral, el interés por la ciencia, la historia, la geografía, los estudios de la naturaleza... también un precioso instrumento para estimular la sensibilidad artística y literaria y avivar el sentido crítico.
Si un maestro desea que una sesión sea amena, debe ser un buen narrador: expresivo, claro y convincente (Hernández, 1997). Hay varios factores que hacen que un individuo sea un buen narrador. Debe saber y entender a fondo el tema que se va a exponer. La voz y la pronunciación deben ser claras y audibles para todo el público. Un poco de dramatización le añade "acción" a la narración que se está haciendo.
La narración es una forma de comunicación. Un buen narrador hace amena cualquier plática, sabe darle vida a cualquier anécdota, a cualquier historia. Utiliza sus narraciones para simplificar conceptos filosóficos o científicos, que en palabras complicadas no serían comprendidas por la totalidad de su auditorio.
Jean Monbourquette en el prólogo al libro Cuentos para crecer y curar (Dufour, 2000:) además de expresarnos que educadores y terapeutas se están convirtiendo en "cuentacuentos", nos dice que es bien sabido que tanto el conocimiento como los elementos de la sabiduría humana se retienen mucho mejor cuando son transmitidos mediante historias y cuentos. Y, existen muchos estilos y muchas formas de contar cuentos.
El ser humano aprende a conocer el mundo, a través de su lengua. La lengua es un valioso auxiliar del pensamiento. El que conoce bien y sabe usar su lengua, es decir, el que la domina, tiene mejores posibilidades que el que posee un conocimiento y un uso deficiente de aquella. Gracias a la lengua no sólo vivimos apoyados en nuestra propia experiencia, sino también en la de los demás que nos trasmiten la suya a través de la palabra oral o escrita.
La lengua oral es un lenguaje natural, esto es, esencial en la construcción de la conciencia humana y paralelo al propio pensamiento, cuya adquisición y desarrollo ocurre mediante la inmersión del individuo en procesos comunicativos. La lengua oral es más coloquial, subjetiva, redundante y abierta. La comunicación oral une a las personas en grupos. La palabra nos permite desplegar la imaginación, evocar el pasado y soñar nuestro futuro. Las palabras despiertas nuestra conciencia. La palabra es el lugar de nuestro pensamiento y del conocimiento del mundo en que vivimos (Piatrowski, 2001:3).
En un mundo como el actual, que podríamos calificar de cambio en las relaciones sociales en general, y en las relaciones del aula en particular, trabajar la oralidad conduce a saber escuchar de un modo receptivo y saber hablar de manera adecuada en cada situación comunicativa, hecho que conducirá a formar seres con cualidades altamente valoradas en el ámbito profesional y con capacidades necesarias para establecer buenas relaciones personales y sociales.
Los usos sociales del relato son parte de nuestra vida diaria. Por medio de los relatos se juega, se desenvuelve lo imaginario, se aprenden informaciones y maneras de enfrentar y resolver situaciones, es establecen puentes entre los demás, se reconoce cómo reacciona alguien ante determinado problema, se participa en comunidades de sentido, en las cuales los compañeros de la misma edad cumplen un papel importantísimo (Prieto Castillo, 1999:30).
Además, el relato produce inmediatamente dos resultados muy apreciables: la distensión de la atmósfera en la sesión de aprendizaje, que se tornará reposada y risueña; y, permite establecer una corriente de confianza entre el maestro y sus alumnos, y un modo excelente par formar hábitos de atención. Esto último es importante porque el relato es un medio sencillo y eficaz para crear el hábito de concentrar y mantener la atención. Todo maestro sabe hasta que punto es necesario y deseable, y también lo difícil que resulta conseguirlo.
Frente al conocimiento fragmentario con que llegan los estudiantes al aula, hay que integrar utilizando el relato oral, las ideas previas, de sentido común, con los modelos de ciencia para que éstos se integren en sus estructuras mentales, y encaminar el aprendizaje.
No es sólo la maduración lo que permite el aprendizaje del individuo; también hay otros factores, como las condiciones didácticas en las que se presenta el aprendizaje, que pueden ayudarlo o dificultarlo. De manera que también una explicación magistral puede ser activa; entendiendo que "activo" no significa "estar haciendo cosas", sino que se trata de una actividad intelectual de construcción del conocimiento.
La narración de un cuento no queda ya únicamente relegada al nivel de educación inicial, se admite en todos los grados y niveles educativos. Algunas veces se exige sólo en aras del cultivo de la inteligencia; en otros, dentro de una idea más amplia, ya sea para vulgarizar un hecho científico, o apoyar una teoría moral; pero cualquiera que sea el motivo aducido, la conclusión es siempre la misma: hay que contar cuentos a los niños y a la juventud.
Al proponer a los niños y adolescentes la maravillosa aventura de escuchar o leer un cuento, al ponerlos en contacto por medio de la fantasía con individuos de otras naciones y costumbres, se les está permitiendo acceder a un mundo fantástico por medio de las palabras e imágenes de los buenos libros o la buena historia. Recordando que la fantasía del educando tiene tanto poder que es capaz de dotarle vida al objeto más insignificante.
Recordando que cuando escucha o lee un cuento pone en juego el poder de su fantasía y, en el mejor de los casos, logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de sus dificultades, en virtud de que el tema de los cuentos le permite trabajar con los conflictos de su fuero interno (Montoya,2003:26,145).
Gallo Torres (1999:49) en el manual sobre la cultura ancestral en el aula propone un conjunto de elementos culturales a los que hay que acercar a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, de manera planificada, afectuosa y sistemática; motivo que lo conduce a sostener que la narración es un medio excelente para dar a conocer a los alumnos los hechos importantes de la historia, las costumbres y modos de vida de un pueblo. La narración permite que el narrador: observe las actitudes y reacciones de quienes escuchan; ponga un tono enfático en aquello que desea destacar ; eleve el clima emocional que la narración va produciendo en los oyentes; utilice la narración como un gran recurso pedagógico para hacer hablar a los niños. De allí que se debe narrar temas propios de vida cotidiana o afines a ella.
Los relatos engloba, aun en su brevedad, temas relevantes para muchas de las áreas del conocimiento académico de nuestro sistema educativo, y han sido seleccionados porque están estrechamente relacionadas con una forma u otra de entender la naturaleza y al propio ser humano; tiene una base argumental relacionado a la ciencia, tecnología y el medio ambiente; además permiten generar un debate y otras actividades complementarias.
La narración es una de las armas que se utiliza para la promoción de la lectura. Un cuento narrado con toda la fuerza de una vivencia, puede convertirse en una experiencia enriquecedora para el crecimiento y consolidación de la personalidad. De la narración oral a la lectura, el paso no parece largo. Escuchar narraciones mejora las condiciones de acceso a la lectura porque ayuda a percibir una relación entre los textos, obliga a captar e interpretar sentidos, por medio de señales a veces sutiles, y también a ordenar lo que se recibe atribuyéndole un significado general, en ocasiones relacionado parcial o totalmente con otras historias.
La lectura exigen no sólo que la persona que aprende se encuentre en un determinado nivel de maduración neurológica; no sólo que se inicie en los rudimentos del descifrado de textos, sino que estas disposiciones se activen y ejerciten durante largo tiempo. Como comenta Walsh (1994:76), el leer no es una virtud con la que nacemos, sino que lo vamos aprendiendo y perfeccionando poco a poco, y es un proceso que en algunas ocasiones es costoso porque necesita dedicación y voluntad de aprendizaje.
BIBLIOGRAFÍA
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