Cuando hablamos del saber y del poder, casi siempre identificamos a una élite que sustenta ya sea en las Universidades o Instituciones de investigación, el saber académico o quienes sustentan el poder político, desde el Presidente de la República hasta las Juntas Parroquiales. Este saber y este poder son claramente excluyentes, han sido el producto histórico de un proceso de expropiación y exclusión. Si los seres humanos nacimos todos iguales, y somos humanos porque tenemos unas condiciones físicas y mentales similares, que salvo por condiciones climáticas, culturales o deformaciones genéticas o accidentales, son muy similares a pesar de la apariencia.
Sin embargo han sido las guerras, las ambiciones de uno sobre otros, lo que ha hecho que durante miles de años una minoría gobierne en contra o supuestamente a favor de las grandes mayorías. Pero no solamente gobierna sino que pretende pensar por todos. El pensamiento de todos los seres humanos que hizo posible su sobre vivencia le fue despojado, arrebatado, para imponer un tipo de conducta, un modo de vida homogenizarte, que favorece el mantenimiento de estatus quo. Esto es lo que Marx llamó la alienación. Pero esta realidad, que en parte es cierta e innegable, tampoco puede ocultar o ignorar eso que llamamos saber popular que en buena parte es el que ha hecho posible una especie de socialismo rudimentario o espontáneo que ha permitido a través de formas de trabajos de organización y de cooperación la sobrevivencia de estas poblaciones. En los barrios, en el campo, hay formas de organización social que históricamente han garantizado la subsistencia de esta población pero también han abierto una brecha importante en el modelo de mercado capitalista, predominante en las grandes urbes.
Tal como lo plantea Nestor García Canclini (1989) en su obra La Culturas Híbridas, es imposible hablar de identidad cuando no son igualmente idénticas las condiciones económicas, las oportunidades de participación política y expresión cultural A este respecto uno de los términos que requiere una reformulación urgente es el de lo Popular, con lo cual se pretende hablar en nombre de las mayorías sin distinción de status social, económico, étnico y cultural: "Lo popular, es en esta historia lo excluido: Los que no tienen patrimonio, o no logran que sean reconocido y conservado."(p.230)
Autores como Vargas, I. (1999), insisten en este sentido de lo popular como manifestación de la resistencia y cuestionamiento a la cultura dominante: "Ello quiere decir que el símbolo popular, el producido por la gente como parte de su discurso escondido de resistencia, no sólo se hace abierto y público sino que pierde su carácter cuestionador y subversivo."(p.153)
El pensamiento popular, como los pensamientos alternativos sufren de fuertes resistencias para ser aceptados, a lo mas son utilizados para describir en forma de crónica o anécdota las formas de entretenimientos de la mayoría de la población pobre y excluidos. Cuando en realidad sin teoría y filosofía explicita se tratan de respuestas profundamente racionales, contextualizadas y con sentido ético de su realidad y practica para preservar sus raíces históricas y su modo de vida actual.
Este saber popular en muchos casos ha tenido mucho mas fuerzas que el pensamiento alternativo o cuestionador de vanguardias políticas de izquierda, quienes sin aspirar a ostentar el poder han logrado crear brechas en el sistema económico y social predominante y son hoy un caudal de información tanto para reconstruir la historias de las grandes mayorías como para pensar el futuro de una sociedad socialista a la nuestra, a la venezolana.
De partida estamos concientes que cualquier intento por reconocer la importancia de la cultura y de los valores de nuestros antepasados, de los excluidos no tiene ningún sentido si antes o paralelamente no hay un reconocimiento a sus derechos económicos y políticos. Hoy en Venezuela se reconfigura el poder político pasando de un poder de las elites a una estructura de poder popular: desde los gobiernos comunales hasta el proyecto de llevar al país a un nuevo tipo de socialismo, parte por rescatar el patrimonio cultural material e inmaterial de nuestros pobladores (indígenas, afrodescendientes, campesinos, obreros, mujeres, jóvenes, perseguidos políticos, entre tantos.) Por lo anteriormente señalado, el socialismo del siglo XXI no puede ser el producto unilateral de la tradicional vanguardia política e intelectual que piensa por los demás, sin consultarlos, lo que se convierte en una imposición, nada más alejado de la filosofía y la ética socialista.